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  • AFP

A pocos kilómetros del inestable norte de África y en el paso hacia Oriente Medio, el enclave de Gibraltar, equipado con instalaciones militares y de inteligencia, es una baza estratégica que al Reino Unido no le interesa perder, señalan los expertos.

España, que cedió este territorio a Gran Bretaña al término de una contienda militar en 1713, lucha desde los años 1960 por recuperarlo, y estudia ahora recurrir a instancias internacionales en un contexto de tensión diplomática con Londres.

Pero al Reino Unido le interesa conservarlo por “razones de comunicaciones, de inteligencia y de control del paso” por el estrecho de Gibraltar, que separa Europa de África, afirma Alejandro del Valle, catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad de Cádiz.

“No hay que olvidar que buena parte del territorio está ocupada por una base aérea militar, una base naval, esencial para escalas y reparación de submarinos nucleares, y también una base de inteligencia” británicas, señala.

El acceso protegido al recinto militar del aeropuerto es lo primero que ve el visitante nada más entrar en Gibraltar, en un extremo de la enorme pista de aterrizaje que debe franquear, tanto en coche como a pie, para llegar a la ciudad.

La importancia de este pequeño territorio de 7 km2 radica en estar en “la única puerta de entrada y salida del Mediterráneo”, un espacio estratégico debido al auge del islamismo en el Sahel y la inestabilidad en Oriente Medio, dice Del Valle.

Garantizar la seguridad de los recursos en este mar, por donde transita buena parte del petróleo y del gas natural consumido en Europa occidental completa la ecuación.

“Un comandante de las fuerzas militares británicas en Gibraltar hace ya muchos años dijo: ‘Si Gibraltar no existiera tendríamos que inventarlo, porque aquí estamos mil millas más cerca de la amenaza’”, dice Luis Romero, exredactor jefe del diario Europa Sur de Algeciras y experto en política de seguridad, para explicar el interés de Londres por el Peñón.

La importancia estratégica del estrecho se ve incrementada por su estatuto internacional, que desde 1982 permite a todo país sobrevolar y navegar la zona --en inmersión en el caso de los submarinos, es decir, en secreto--, sin que sea necesario el acuerdo de los dos países ribereños: España y Marruecos.

Pese a tener menos de 200 militares destinados, la actividad de la base naval británica de Gibraltar es incesante, asegura Romero.

Es el caso de la fragata británica “HMS Westminster” que, en plena tensión diplomática con España por la soberanía de las aguas que rodean Gibraltar, debe hacer escala aquí en el marco de “un despliegue anual” de la Royal Navy que debe llegar hasta el Golfo.

Base de inteligencia

Londres valora, asimismo, la capacidad excepcional de escucha de sus instalaciones de inteligencia electrónica, señala Romero.

La cima del Peñón, la roca al extremo del terreno en que se asienta Gibraltar, está “a 400 metros en caída vertical sobre el mar, y en frente no tiene nada, tiene África”, explica.

Esto la convierte en “una atalaya de inteligencia muy interesante para los británicos, que la explotan en beneficio propio y en el de sus más cercanos aliados, Estados Unidos”, asegura.

Por todos estos motivos, “el estatuto de las bases militares fue una de las líneas rojas” en la negociación que a principios de los años 2000 mantuvieron el gobierno británico de Tony Blair y el español de José María Aznar en busca de una soberanía compartida, estima Del Valle.

“Los británicos no querían, por supuesto, ni que las bases militares fueran cosoberanas ni que fueran de utilización conjunta”, afirma.

España, por su lado, ve como “la presencia de Gran Bretaña en Gibraltar distorsiona su valor estratégico”, considera Romero.

“Recuperando Gi-braltar, lo único que España ganaría es que dejase de estar en manos de una potencia ajena, pero en estrategia es tan importante lo que tú haces como lo que hace otro, y tan importante es que tú puedas actuar libremente como que el otro no pueda hacerlo”, concluye.

 

Punto clave para armadas

“Es punto de escala permanente durante todo el año tanto de buques de despliegue o de repliegue como de submarinos nucleares, no solo británicos sino también norteamericanos, de ida o regreso de sus patrullas por el Mediterráneo”, afirma Luis Romero, exredactor jefe del diario Europa Sur de Algeciras y experto en política de seguridad.