Jorge Eduardo Arellano
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NUEVA YORK / AP

En California, un administrador de inversiones desempleado pierde una fortuna, y en un acto de desesperación mata a su familia y se suicida. En Ohio, una viuda de 90 años de edad se pega un balazo en el pecho al ver que llegan alguaciles con una orden de desalojo de su modesta vivienda.

En Massachusetts, Carlene Balderrama, un ama de casa que ha ocultado a su marido la desesperada situación financiera en que se hallan, envía una carta a la empresa que está financiando su hipoteca, advirtiéndole: “Para el momento en que ustedes libren una orden de ejecución contra mi casa, estaré muerta”. Balderrama se suicidó de un balazo, tras matar a sus tres amados gatos, dejando una póliza de seguros y una carta en la mesa informando de su decisión de quitarse la vida.

La crisis financiera que está barriendo a Estados Unidos ha comenzado a hacerse cada vez más violenta. En algunos lugares, las líneas directas de ayuda a personas con problemas están congestionadas, los servicios de asesoramiento psicológico se hallan en gran demanda, y los refugios para mujeres víctimas de violencia están repletos.

“Muchas personas me dicen que esto les recuerda a los atentados del 11 de septiembre”, dijo la reverenda Ann Malonee, de la Iglesia Trinity, la famosa “Iglesia Negra” situada en el corazón de Wall Street. “Muchos tienen la sensación de que les han quitado la alfombra debajo de los pies”.


Teléfonos saturados
Gran cantidad de personas están llamando a las líneas directas de prevención de suicidios. Las llamadas telefónicas a los Samaritanos de Nueva York han subido más de un 16 por ciento en el curso del último año, y la mayoría, están relacionadas con problemas monetarios. La línea directa de los Samaritanos en Miami ha registrado este año más de 500 llamadas vinculadas con la ejecución de viviendas por falta de pago.

“Gran cantidad de personas nos han dicho que han perdido todo. Han perdido sus viviendas y sus empleos”, dijo Virginia Cervasio, directora de un centro de atención a potenciales suicidas en el condado de Lee, en el suroeste de la Florida.


Tragedias continúan
La semana pasada, en Los Ángeles, un ex gerente de inversiones asesinó a su esposa, a sus tres hijos y a su suegra, antes de suicidarse.

Karthik Rajaram, de 45 años, dejó una nota diciendo que tenía problemas financieros y que al principio había pensado en suicidarse. Pero luego optó por asesinar a toda su familia pues era “más honorable”, informó la Policía.

“Era una perfecta familia norteamericana que fue destruida aparentemente por un hombre que se hundió... en la desesperación absoluta”, dijo Michel Moore, subjefe de Policía de Los Ángeles.

En Tenessi, Pamela Ross, de 57 años, se suicidó la semana pasada cuando alguaciles se dirigieron a su hogar con una orden de desalojo. El caso fue más trágico porque Pamela y su esposo habían recibido de un tribunal 10 días adicionales para apelar la ejecución de la hipoteca.