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Mirando el comportamiento de Wall Street -el martes cerró con un repunte del 0,4% en el Dow Jones y del 1,2% en el Nasdaq-, daría la impresión de que el cese parcial de las actividades del Gobierno en EE.UU. por la falta de presupuesto quedará en un dolor de cabeza. Eso si el drama político en Washington se resuelve en días. Si dura más y se acerca al 17 de octubre, cuando se rebasará el techo de la deuda, la situación será potencialmente mucho más peligrosa y los efectos pueden ser catastróficos en una economía débil.

Los analistas empiezan a hacer cálculos y para ello recurren al evento que se vivió hace 17 años. Entonces el parón afectó al 36% de los empleos públicos. Si se mantiene la misma proporción en esta crisis, cerca de 774.000 empleados se quedan en casa sin paga, equivalente a toda la plantilla de la industria del automóvil, lo que resultará en pérdidas de 1.600 millones de dólares (1.180 millones de euros) semanales para la economía estadounidense vía salarios, según IHS Global.

Pero, como señalan desde Moody’s, eso es solo una parte de la historia. Además, hay que contar el impacto que el cese tiene en empresas que dependen del Gobierno, en las que necesitan de los préstamos públicos para operar o en el turismo. En ese caso, el costo económico podría llegar a los 55.000 millones de dólares (40.600 millones de euros) si el bloqueo dura tres semanas, como ocurrió en 1995.

Esa cifra equivale a juntar el trastorno que generaron el huracán Katrina y la tormenta tropical Sandy sin contar las pérdidas en los bienes inmuebles. En los primeros dos días, el lastre en el crecimiento del cuarto trimestre sería de dos décimas, de acuerdo con las proyecciones de Goldman Sachs. Si se prolonga durante tres o cuatro semanas, se elevaría a 1,4 puntos. Eso significa que el crecimiento sería del 2%, en lugar del 3,5% que está proyectado.

Wall Street volátil

Es decir, el efecto en el crecimiento no sería relevante (solo el 0,2%) si el presidente, los demócratas y los republicanos se sientan a negociar una solución antes del fin de semana. Por eso en el parqué siguen la sucesión de eventos con cautela. Pero cuanto más se acerque la fecha en la que se rebasará el límite de la deuda, a mediados de octubre, más volátil y violento se volverá el clima también en Wall Street.

En ese momento, la deuda estadounidense corre el riesgo de dejar de ser un activo aceptado como garantía en las operaciones financieras internacionales. En la práctica, el Tesoro de EE.UU. habrá agotado para entonces el efectivo para pagar las facturas y se retrasará en el pago de los intereses a los acreedores hasta que haya fondos. Será un momento tipo Lehman Brothers. Nunca ha sucedido en la historia reciente.

La situación será peligrosa

Las agencias de calificación de riesgo advierten de que en ese escenario se verán forzadas a rebajar la nota de solvencia de la deuda estadounidense porque equivaldrá a una situación de impago. Eso, a su vez, podría devaluar más el dólar y obligar a la Reserva Federal a imprimir más dinero. Pero como advirtió hace dos semanas su presidente, Ben Bernanke, el margen que tiene de reacción es “limitado”.

El momento no es el más oportuno. Los últimos datos muestran que la economía empezaba a recuperar el ritmo en agosto. Eso debía haber llevado a la Reserva Federal a empezar a retirar los estímulos artificiales a la economía, proceso que seguramente se retrasará. Además, octubre suele ser un mes complicado porque es cuando las empresas cotizadas presentan sus resultados trimestrales. Wall Street recuerda a Washington que este daño es voluntario y evitable. Al mercado no le gusta la incertidumbre ni la ambigüedad, por eso espera que la esperada negociación en Washington sirva para zanjar el problema del presupuesto y de la deuda a la vez. La tónica general es confiar en que se llegue a un pacto que evite crear un daño real a la recuperación y la imagen de la mayor potencia económica del mundo.

De momento, el cese parcial va a provocar que no se conozca mañana viernes el dato de paro de septiembre, un indicador clave de cara a la próxima reunión de la Fed a final de mes. Sin la evolución del empleo, sumado a la amenaza de la parálisis para la economía, el Banco Central tendrá que retrasar cualquier decisión sobre los estímulos a diciembre o enero. El impasse también afectará al supervisor bursátil y al calendario de estrenos bursátiles.

 

Silencio en monumentos y museos

Desde el Departamento de Defensa, pasando por la NASA, los museos públicos, los parques nacionales y los centros de investigación, hasta la Casa Blanca y el propio Capitolio, todas las agencias federales de Estados Unidos comenzaron a poner en práctica el martes sus respectivos planes para hacer frente al cierre del Gobierno que entró en vigor en la medianoche del lunes. Las medidas prevén el cese temporal de alrededor de 800.000 de los más de dos millones de funcionarios que trabajan en la Administración estadounidense y contemplan la clausura de oficinas y atracciones turísticas y la suspensión de actividades públicas y programas federales.
Todos los funcionarios cuyos servicios no se consideran esenciales recibieron durante la jornada del lunes llamadas o correos electrónicos en los que se les anunciaba que deben permanecer en sus casas hasta que el Congreso llegue un pacto sobre el presupuesto. Pese a todo, muchos de ellos acudieron el martes a sus puestos como si se tratara de un día de trabajo más. La congestión del tráfico en las carreteras de entrada a Washington, la ciudad que concentra la mayor cantidad de empleados del Gobierno, era la habitual en una jornada laboral. Sin embargo, la mayoría de ellos se limitó a recoger sus pertenencias, cerrar asuntos pendientes, actualizar su buzón de voz y cambiar la respuesta de sus emails por “ausente de la oficina”.
El presidente de EE.UU., Barack Obama, se dirigió a ellos el martes a través de una carta en la que les agradecía su labor y sacrificio. “Vuestro trabajo es vital para la seguridad de nuestra nación y la de nuestras familias y lo hacéis en medio de este clima político que en los últimos tiempos os ha tratado muchas veces como a un saco de boxeo”, se lamentaba el mandatario. En su misiva, Obama hacía referencia a los empleados del servicio de Parques Nacionales y de los museos públicos, como los dependientes del Instituto Smithsonian, en la capital del país. A las ocho de la mañana, recibieron la orden de cerrar todas las instalaciones mientras dure la parálisis del Gobierno. “Todos los museos y el zoo nacional permanecerán clausurados. Todos los programas y actividades previstas también se han suspendido”, informó en sendos tuits el Smithsonian. Las 401 unidades dependientes del Servicio de Parques Nacionales, desde escenarios de batallas de la Guerra Civil y reservas naturales, hasta la estatua de la Libertad, en Nueva York, o la isla de Alcatraz, en San Francisco invitaron a sus visitantes a abandonar las instalaciones. “Los que se encuentran acampados o en hoteles tienen 48 horas para marcharse”, explicó su portavoz.