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  • AFP

La destrucción del arsenal químico sirio, que se anuncia como una compleja tarea, podría incluso resultar más fácil que la instalación de una mesa de negociaciones entre el Gobierno y la oposición, estiman diplomáticos y expertos.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) realiza una riesgosa operación de destrucción de armas químicas del régimen de Bashar al Asad y estima que, por ahora, el Gobierno está cooperando en la iniciativa.

De manera paralela, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, tiene previsto realizar a mediados de noviembre en Ginebra una conferencia de paz --Ginebra 2--, con la participación de delegaciones del régimen sirio y de la oposición armada.

Pero el emisario de la ONU y de la Liga Árabe en Siria, Lakhdar Brahimi, duda que se logre el encuentro en el plazo fijado.

Ambas partes se enfrentan desde hace 30 meses en una encarnizada batalla que dejó ya más de 100,000 muertos y las armas continúan abundando en el país.

“Por ahora ambas partes siguen creyendo que pueden ganar y los cínicos predicen que no habrá negociaciones hasta que no estén las dos partes de rodillas”, estima un diplomático. “Todavía no es el caso”, añade.

Tanto el Gobierno como la oposición prometieron estar presentes en Ginebra, pero con condiciones.

En la conferencia Ginebra 2 se abordarán las grandes líneas de un acuerdo internacional sobre una transición política en Siria, firmado el 30 de junio de 2012 en Ginebra.

El objetivo es que el régimen y la oposición se pongan de acuerdo sobre un Gobierno transitorio de coalición dotado de plenos poderes, previo a la realización de elecciones libres.

Brahimi dijo el fin de semana pasado que “no hay certeza” de la celebración de Ginebra 2 a mediados de noviembre. “Es una misión casi imposible”, comentó respecto a su mediación.

Un encuentro con condiciones

El Gobierno formó una delegación para Ginebra 2, dirigida por el ministro de Relaciones Exteriores sirio, Walid Mualem, pero este se niega a que se discuta la suerte del presidente Asad.

La ONU y los países occidentales dudan por su parte que esta delegación tenga un verdadero poder de decisión.