•   Minamata, Japón  |
  •  |
  •  |
  • AFP

Cientos de miles de fieles musulmanes realizaron ayer miércoles por segundo día consecutivo el ritual de la lapidación de Satanás en Mina, cerca de La Meca, última etapa de la peregrinación o haj anual.

“La nación islámica ha de tratar al otro con humanismo tolerante y no excluirlo por causa de su religión”, afirmó el rey Abdalá de Arabia Saudí, en un discurso que leyó el príncipe heredero Salman ben Abdel Aziz a las delegaciones oficiales que participan en la peregrinación.

Hombres, mujeres y niños de 188 países, además de Arabia Saudí, lanzaban piedras hacia las tres estelas que representan a Satanás, según la tradición musulmana.

El ritual comenzó el martes, en el primer día del Aid al Adha, o fiesta del sacrificio o del cordero, celebrada por los musulmanes en todo el mundo.

El ritual simboliza la lapidación que Abraham hizo de los tres lugares en los que el diablo se le habría aparecido, según la tradición, para intentar disuadirle de que ofreciera su hijo a Dios como sacrificio.

La lapidación puede durar hasta tres días, pero los peregrinos que terminen en dos pueden abandonar los lugares santos.

En esta ocasión el ritual ha transcurrido sin incidentes. El número inferior de peregrinos y una mejor organización facilitan la fluidez de la muchedumbre.

“La reducción del número de peregrinos y la aplicación rigurosa de las medidas de seguridad contribuyeron a una mejor organización del haj este año”, explicó a los periodistas el jefe del centro de vigilancia electrónica de la peregrinación, general Abdalá al Zahrani.

 

Dos millones de fieles

Cerca de dos millones de fieles comenzaron el martes el ritual de lapidación de Satán, en Mina.

Según datos oficiales publicados el martes, un total de 1.980.249 peregrinos -1.379.531 provenientes del extranjero y 600.718 de Arabia Saudita- emprendieron este año el peregrinaje.

Arabia Saudita decidió reducir en 20% el número de peregrinos extranjeros y en un 50% el de los que provienen del interior del país debido a los temores generados por el coronavirus MERS y por las obras de ampliación de los lugares santos.