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  • AFP

Una rebelión popular que sitió La Paz, iniciaba hace diez años la llamada “Guerra del Gas” en Bolivia, que se saldó con 64 muertos y puso fin al Gobierno liberal de Gonzalo Sánchez de Lozada, dando paso al movimiento indigenista que llegaría al poder de la mano de Evo Morales.

La población de El Alto, vecina de La Paz, concentró en octubre de 2003 masivas marchas de protesta de clases medias empobrecidas, campesinos, mineros e indígenas contra el Gobierno, reprimidas por el ejército con armas de guerra.

La “Guerra del Gas” “fue el punto de partida de una secuencia de transformaciones profundas en la sociedad, como la inclusión social de sectores indígenas antes marginados”, dijo a la AFP el profesor de la universidad estatal UMSA y analista político, Carlos Cordero.

Tras las marchas de protesta “subyacían otras motivaciones emergentes del agotamiento del sistema de partidos”, como la falta de empleo o la corrupción en el aparato estatal, consideró el académico.

El movimiento popular se articuló bajo la consigna de la oposición al plan de Sánchez de Lozada de vender gas natural licuado (LNG) a Estados Unidos, vía puertos de Chile, país que arrebató a Bolivia su salida al mar tras la Guerra del Pacífico en 1879.

La decisión del Gobierno de utilizar los puertos chilenos para vender el gas de Bolivia fue considerada por los movimientos sociales bolivianos como una traición a la demanda histórica del país, y es hoy, en cambio, uno de los grandes ejes de la política exterior de Evo Morales, quien resultaría en comicios posteriores a la revuelta, el primer presidente de origen indígena elegido en el país.

Una expresión de bronca

“Octubre fue la expresión de la bronca acumulada por las injusticias”, dijo a periodistas el exdirigente minero Jaime Solares.

Las protestas que confluyeron en El Alto llevaron a un corte de caminos con piedras, palos, escombros, y estallidos de cilindros de gas de uso doméstico en choques diarios con las tropas militares, que reprimían a bala a pobladores que exigían la dimisión de Sánchez de Lozada.

Tras dos semanas de violencia, con La Paz aislada, el aeropuerto internacional cerrado, una aguda escasez de alimentos y combustible, y un aumento constante de muertos y heridos por la violencia, Sánchez de Lozada entregó su dimisión al Congreso, y asumió en su lugar el vicepresidente Carlos Mesa, que gobernó menos de dos años, desestabilizado por sectores políticos que reclamaban elecciones anticipadas.