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El rechazo al referéndum impulsado por el presidente Hugo Chávez, que le negó un cheque en blanco a su ambiciosa reforma socialista, desató un sismo político que conmocionó a Venezuela y plantea un desafío al liderazgo que el mandatario busca en el continente.

Con un poco más de 50% de votos, los venezolanos rechazaron el domingo un proyecto que habría permitido a Chávez acumular nuevos poderes en sus manos, y, sobre todo, la reelección continua cada siete años, con la amenaza de llegar hasta 2030.

En Venezuela se gestó “una disidencia que atravesó en forma vertical toda la sociedad, desde la cúpula hasta las bases chavistas”, explicó Ismael García, el diputado que encabezó en el Congreso la disidencia del partido socialdemócrata Podemos, que en 2006 había entregado más del 10% a Chávez para su reelección.

En un año exacto, Chávez vio derrumbarse su votación de los 7.2 millones con los cuales fue reelecto en 2006, a los casi 4.3 millones de sufragios que logró el domingo su proyecto de reforma.

La oposición vio incrementar su caudal en unos 300,000 sufragios, de 4.2 a 4.5 millones, justo la minúscula diferencia 1.4% que permitió frenar una cadena de triunfos electorales chavistas que se prolongó por nueve años.

Desinterés en barrios chavistas

El desinterés en el proyecto de reforma fue patente en los barrios populares chavistas, según observaron periodistas de la AFP, y el mismo mandatario argumentó la madrugada del lunes que el 44% de abstención afectó más al oficialismo que a sus adversarios.

La erosión provino de todos los campos, desde los académicos, como el alemán Heinz Dieterich, creador del concepto de socialismo bolivariano del siglo XXI, quien cuestionó la reelección, o de los militares como el ex ministro de Defensa, Raúl Baduel, que llamó a votar en contra de la propuesta.

Con su conocida tozudez, el presidente Chávez dijo en su discurso de la derrota: “No retiro ni una sola coma de esta propuesta”, levantando una copia de la Constitución de color rojo con la que pretendió reemplazar el librito azul de la Constitución Bolivariana que él mismo enarboló en 1999.

Leopoldo López, el joven alcalde del municipio de clase media de Chacao, afirma que la reforma para establecer un Estado socialista “fue la batalla de la ciudadanía contra un proyecto estatista, que desplegó todo el poder del Estado y la riqueza petrolera al servicio de un proyecto político”.

Una lección de democracia

En cuanto a la oposición, el dramático resultado es una lección para “los sectores que no creían en que la salida en Venezuela era la vía electoral y democrática, que el pueblo quiere la reconciliación nacional”, dijo el dirigente estudiantil Ricardo Sánchez.

“Está en manos de Chávez si se sigue con la confrontación”, dijo. Y agregó que con el movimiento estudiantil que encabezó el rechazo a la reforma “llegó el relevo generacional, asumiremos nuestro papel de darle un nuevo rostro” al liderazgo nacional acotó.

El temperamento combativo de Chávez fue llevado al extremo en su discurso de cierre de campaña, donde amenazó con nacionalizar las empresas españolas si se agravaba su diatriba con el rey de España, o cortar los suministros de petróleo a Estados Unidos si se desataba la violencia tras el referendo.

“Su furia verbal es una táctica militar basada en la provocación constante”, afirma Alberto Barrera, coautor de la biografía no autorizada ‘Chávez sin uniforme’, quien admite que “sea su espíritu mesiánico o su populismo fervoroso, nadie puede negar su carisma”.

Chávez transformó el referendo en una opción entre el apoyo a su liderazgo y el voto por el gobierno de Estados Unidos, precedido de una gira que lo llevó a pedir a la OPEP utilizar el petróleo como arma geopolítica y defender el programa nuclear del iraní Mahmud Ahmadinejad.

“Su proyecto de convertirse en heredero radical en la escena mundial ha sufrido un revés crucial”, dijo a la AFP Edmundo González Urrutia, ex diplomático de carrera que sirvió a Chávez en su primer gobierno, y director del Centro de Estudios Diplomáticos y Estratégicos.

Un reto para la oposición

La oposición venezolana, que se encuentra prácticamente sin representación política regional, encara ahora el reto de lograr incluirse con representación política en el poder regional y legislativo de Venezuela, pues cuenta con apenas dos de las 22 gobernaciones del país, y ningún diputado en el parlamento, luego de que boicoteó las elecciones legislativas de 2005.

La próxima cita electoral prevista son las elecciones de alcaldes y gobernadores, que se celebrarán en diciembre de 2008. En 2010 debe elegirse un nuevo Parlamento.

Antes de esos plazos, el ex ministro de la Defensa, general Raúl Baduel, quien se opuso a la reforma, planteó convocar a una Asamblea Constituyente que evite “la imposición de los cambios que planteaba la reforma por otras vías”, como los poderes especiales que Chávez recibió del Parlamento para legislar.

Julio Borges, dirigente del partido Primero Justicia, que ha tenido un papel importante en la lucha contra el abstencionismo opositor, sostiene que “tenemos que saber interpretar el mensaje que dio el país, que es de reconciliación. Los que representamos un modelo alternativo, debemos ir a un diálogo con el gobierno”.

“La oposición ganó y ojalá que el gobierno se siente con nosotros a debatir sobre los problemas del país, como la inseguridad y la pobreza”, indicó Borges a la AFP.

Pero el dirigente se mostró en desacuerdo con la posibilidad de convocar a una Constituyente. “No comparto esa idea, si estamos defendiendo la Constitución no podemos ahora llamar a cambiarla”.

El diputado disidente Ismael García sostuvo que el triunfo del ‘No’ en el referendo permite que “de aquí en adelante haya mayor participación electoral”. “Se había creado una fábula sobre el robo del voto, cuando la verdad es que Chávez siempre había ganado porque tenía los votos. Esta vez no los tenía, y se conformó una nueva mayoría”, indicó el diputado este lunes.

Interrogado sobre la propuesta de convocar a una Asamblea Constituyente, García indicó que “hay que considerarla. El país necesita un mecanismo de reconciliación”.

Para García, el reto a partir de ahora es lograr “la unidad en la diversidad. En este referéndum logró expresión un tercer polo”, que no está ni con el chavismo duro ni con la oposición radical. “Esa franja tiene que hacerse cada día más ancha, en el campo del respeto mutuo”, aseveró.