•   Buenos Aires  |
  •  |
  •  |
  • EL PAIS

El kirchnerismo perdió las elecciones legislativas en 12 de los 24 distritos de Argentina, incluidos los cinco más poblados del país, según los resultados oficiales conocidos en la noche del domingo. Sin embargo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner mantendría, de todos modos, la mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso en los últimos dos años de su gobierno. Lo que queda también claro es que el gubernamental Frente para la Victoria (FpV) y sus aliados no contarán con los dos tercios de los diputados y senadores que necesitarían si deseasen reformar la Constitución para permitir que Fernández busque una segunda reelección en 2015, una posibilidad que ya había sido descartada por el propio kirchnerismo tras las primarias de voto obligatorio celebradas el pasado agosto.

argentina renovo

El gran triunfador de la jornada electoral ha sido el nuevo Frente Renovador del peronista Sergio Massa, que hasta junio pasado era kirchnerista y que este domingo se impuso con el 42,6% de los votos en la principal provincia de Argentina, Buenos Aires, donde sufraga el 37% de los argentinos. Allí, el FPV obtenía el 31%, pese al fuerte apoyo que Fernández y el gobernador de Buenos Aires y presidenciable, Daniel Scioli, le habían concedido. Massa espera a partir de ahora construir una fuerza nacional para competir también por la jefatura de Estado dentro de dos años. No será fácil la tarea para quien fuera jefe de Gabinete de Ministros de Fernández entre 2008 y 2009, pero este triunfo ha sido arrasador.

Pese a la derrota en la mayoría de los distritos, el kirchnerismo sigue siendo la principal fuerza política de Argentina. Donde perdió lo hizo ante diversas fuerzas opositoras, en algunas con el desunido peronismo disidente que integra Massa y en otras con la alianza de la centrista Unión Cívica Radical (UCR) con otras fuerzas de centro y progresistas o con el conservador Partido Propuesta Republicana (PRO).

FPV mantiene mayoría absoluta

El FPV y sus aliados obtenía el 32,7% a nivel nacional y lograba así 48 diputados. La UCR y sus aliados lograban el 27,4% y unos 35 escaños en la cámara baja. El peronismo disidente sumaba el 20,6% y unos 26 diputados. El PRO juntaba el 8,8% y 11 escaños en la cámara baja. Es así que el kirchnerismo mantendría la mayoría absoluta entre los diputados y también en el Senado, según los primeros resultados oficiales.

En la provincia de Córdoba, el segundo más poblado de Argentina, el peronismo disidente logró el 26%, frente al 22,4% de la UCR y el 15,2% del kirchnerismo. Pese a la victoria, el resultado no ha sido tan contundente como para fortalecer las ambiciones presidenciales del gobernador de Córdoba, el peronista disidente José Manuel de la Sota. Habrá que ver si logra aunar fuerzas con Massa para 2015.

En Santa Fe, la tercera provincia del país, el socialista Hermes Binner, aliado con la UCR, logró un aplastante triunfo con el 43,8% de los votos y también sueña con volver a competir en las presidenciales, como en 2011. El PRO logró el 27,4% y el kirchnerismo, el 21,8%. Seguramente, Binner competirá en unas primarias para jefe de Estado en 2015 contra el radicalismo.

En la ciudad de Buenos Aires, cuarto distrito en población, en la elección a senador logró el PRO una valiosa victoria, con el 38,6% de los sufragios, frente al 27,1% de la alianza de centristas, progresistas y radicales y el 24,1% del kirchnerismo. El alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, del PRO, aprovechó el festejo para anunciar inmediatamente que será candidato presidencial en 2015. Su desafío será seguir construyendo una fuerza que antes estaba solo concentrada en la capital, que ha mejorado en algunas provincias, pero aún tiene mucho camino por delante.

En la provincia de Mendoza, quinto distrito en importancia, el candidato radical a diputado, Julio Cobos, ganó con el 47,2%, frente al 28% del kirchnerismo. Cobos, que en 2007 fue elegido vicepresidente de Argentina como aliado de Fernández y después se peleó con ella, también anhela acceder a la presidencia de este país.

 

El pibe de barrio quiere ser presidente

El opositor Sergio Massa, gran vencedor de las legislativas argentinas, abandonó las filas del kirchnerismo para aspirar a la Casa Rosada en 2015.

He aquí un fruto maduro del peronismo, el ejemplo antológico del peronista argentino que vuelve las lanzas contra sus compañeros de batalla, de la misma forma que Néstor Kirchner (presidente entre 2003 y 2007) se enfrentó en su día y derrotó a su admirado Carlos Menem o a su mentor Eduardo Duhalde. Sergio Massa tiene 41 años, está casado y tiene dos hijos, es amante del fútbol, amigo de decenas de periodistas y de los empresarios que contratan a esos periodistas. Y siempre tuvo unos reflejos olímpicos para cambiar de acera en el momento justo.

Ingresó en el partido centrista liberal de la Ucedé cuando tenía 15 años. En la veintena, cuando se supone que uno pretende cambiar el mundo, Massa dejó que el mundo lo cambiara a él y se hizo peronista, lo que equivalía a meterse en el ascensor más rápido hacia el poder. Fue menemista con Menem, duhaldista con Duhalde, kirchnerista con Kirchner y cristinista con Cristina Fernández. Ahora es solo massista. Y asegura que se sitúa en el centro de la política argentina. Caminando por esa anchísima, ambigua y difusa senda de centro intentará llegar a la Casa Rosada en 2015.

Los altos cargos kirchneristas le reprochan que en la lista que encabezó como candidato a diputado hay de todo, es un mejunje donde caben hasta algunos conservadores aliados del alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri. Y es cierto. Pero también en el Gobierno de Fernández hubo espacio para liberales como Sergio Massa o para el vicepresidente, Amado Boudou, excompañero de Massa en la Ucedé. Desde el kirchnerismo también le atacaron diciendo que es un mero representante de Clarín, el mayor grupo de comunicación de Argentina, enemigo declarado del Gobierno. Lo cierto es que Massa mantiene con Clarín una relación casi tan estrecha y empática como la que mantuvo Néstor Kirchner.

El Massa que se ve en la tele solo parece un producto de laboratorio, uno más, programado para sonreír en el momento justo, abrazar niños y abuelas, y repetir lo que sabe que tiene que repetir -que hay que combatir la inseguridad y la inflación; que se necesita más diálogo y menos confrontación, etcétera-. Pero cuando el periodista se le acerca sabe comportarse como el pibe de barrio que dice ser, el nieto de un emigrante italiano que llegó a Argentina huyendo del hambre, el hijo de un empresario constructor humilde de la periferia bonaerense. Ese pibe comenzó a estudiar abogacía con 18 años, la interrumpió a los 22 y no la terminó hasta el pasado junio, con 41 años, cuando se propuso ser presidente y necesitaba un currículo aparente.

Pero entretanto le dio tiempo de aplicarse en la carrera que verdaderamente le importaba, la de la política pura y dura. Y no le fue mal: presidente de la Juventud Liberal de la Ucedé con 22 años. Nada más cambiarse a la acera peronista logró un escaño como diputado provincial; entre los 29 y los 34 años fue director de la Anses, la seguridad social de Argentina; a los 35 resultó elegido alcalde del municipio bonaerense de Tigre. A los 36, jefe de gabinete con el Gobierno de Cristina Fernández. Y a los 37, dejó de ser jefe de gabinete y volvió a ganar la alcaldía de Tigre. Massa subía y subía sin avergonzarse del pibe.

Era audaz y decidido. En 2008, cuando negociaba con un fondo de inversiones la reapertura del canje de reestructuración de la deuda pública, invitó a un periodista a que asistiera en directo a la reunión confidencial con el directivo del fondo haciéndose pasar por un funcionario del Gobierno que trabajaba a sus órdenes. Y así se celebró la reunión.

En 2009 apareció en los cables filtrados por Wikileaks hablando de Néstor Kirchner como un sicópata cobarde. “[Kirchner] no es un genio depravado, solo es un perverso”, dicen los cables que dijo Massa. Él lo negó y siguió cultivando su carrera desde la Alcaldía de Tigre. Una carrera asociada a la lucha contra la inseguridad.

Un empresario argentino con grandes conexiones con España indicó a este periódico: “Almorcé una vez con él hace pocos meses. Y la impresión que saqué fue muy pobre. Cuando hablaba de la política local de la provincia de Buenos Aires se le notaba muy suelto. Sabe todo sobre los alcaldes, sobre las posibles alianzas y traiciones. Pero, cuando llegó la hora de hablar de números y de economía solo decía vaguedades. Y de política internacional, nada”.

Ahora, le queda por delante una eternidad de dos años si quiere llegar a la Casa Rosada. El cargo de diputado no garantiza manejo de dinero ni mucha visibilidad. Puede que su victoria se diluya de aquí a 2015 y su nombre se lo trague la actualidad. Pero Massa ya sopesó ese factor en junio. Y decidió asumir todos los riesgos.