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  • AFP

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aseguró ayer miércoles que la vigilancia de algunos diplomáticos y funcionarios extranjeros hace 10 años por parte de agentes brasileños fueron acciones de contrainteligencia, que no atentaron contra la privacidad.

“No se violó la privacidad. Hubo seguimiento de actividades. Eso está previsto en la legislación brasileña. No hubo ninguna ilegalidad”, dijo Rousseff en una entrevista radial.

“Según la Abin (Agencia Brasileña de Inteligencia), es contrainteligencia, porque consideraban que había interferencia en negocios privados, en negocios públicos de Brasil. Fue preventiva y no tuvo como objetivo espiar la privacidad de nadie”, agregó la gobernante.

El lunes, el Gobierno brasileño admitió que hace 10 años espió a diplomáticos rusos, iraníes e iraquíes, así como salones alquilados por la embajada estadounidense en Brasilia, luego de que el diario Folha de Sao Paulo revelara un documento que daba cuenta de las operaciones.

El martes, Folha reveló que, hace una década, Brasil también espió a agentes de los servicios secretos franceses tras sospechar que estaban detrás de una acción de sabotaje en la base espacial de Alcántara, donde una explosión dejó 21 muertos en 2003, pero nunca halló pruebas.

¿Es diferente?

Rousseff diferenció estos hechos —ocurridos durante la gestión de su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva— de las denuncias de espionaje practicado por Estados Unidos contra Brasil.

“No se puede comparar (lo hecho por Estados Unidos) con lo que hizo la Abin”, comentó Rousseff.

“En el otro caso (de Estados Unidos), es un aparato de violación de privacidad, contra los derechos humanos y la soberanía de los países”, consideró, al recordar que España, Francia y Alemania también habían sido espiadas.

Según documentos revelados por el exconsultor de inteligencia Edward Snowden, la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense espió las comunicaciones de millones de brasileños, las de la propia presidenta y las de la estatal Petrobras.

A raíz de esas revelaciones, Rousseff condenó el espionaje ante la Asamblea General de la ONU, pidió a la organización que tome medidas sobre el derecho a la privacidad en la era digital, y suspendió una visita de Estado a Washington programada para octubre.

“La discusión que derivó de esas denuncias nos llevó a hacer la siguiente propuesta a los Estados Unidos: ‘solo tenemos una forma de resolver el problema. Se disculpan por lo que pasó y digan que no va a suceder de nuevo’. No fue posible llegar a ese punto”, contó la gobernante a la radio.

No obstante, reiteró que el incidente no interrumpió las relaciones tradicionales, diplomáticas y comerciales entre ambas naciones.