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Evo Morales lloró de emoción cuando los altavoces de la Plaza de Armas anunciaron que su proyecto constitucional tenía luz verde, en una faceta inédita para este indígena aymara de rostro adusto y generalmente inexpresivo.

Un día de caminata de casi 12 kilómetros por una carretera andina el lunes y una noche sin dormir acompañando a miles de indígenas en las afueras de su Palacio de Gobierno, colaborando en la presión contra el Congreso, finalmente terminaron con un triunfo político y en llanto.

Entre sollozos, se fundió en un abrazo interminable con sus más fieles colaboradores y con los máximos dirigentes de las organizaciones campesinas y obreras, en una señal de alegría y de misión cumplida. Tras calmarse, el mandatario se dirigió a sus adherentes, los fieles campesinos y obreros, la columna vertebral de su régimen.

“El pueblo unido, jamás será vencido”, gritó a coro con los movimientos sociales en la Plaza de Armas, y afirmó que la nueva Carta Magna “garantiza el cambio sin retorno y la muerte del neoliberalismo”.

Mineros cercaron Congreso
Momentos antes había dado una muestra de su liderazgo cuando contuvo a exaltados trabajadores mineros que, cansados, con dinamita en mano y en algunos casos bajo los efectos del alcohol, intentaban tomar el Congreso que deliberaba por una ley para validar su proyecto constitucional.

La multitud lo acompañó en la celebración, y algunas mujeres indígenas de remotas comarcas andinas también derramaron lágrimas por un proyecto que consideran propio, y que a su juicio los incluirá definitivamente a la República tras años de exclusión.

“Por Bolivia, por mis hijos, prometemos a Evo que aprobaremos la nueva Constitución con el 100% de los votos”, gritó una mujer aymara, con el rostro cobrizo debido al gélido clima del altiplano, mientras otros se animaban a cantar canciones compuestas en homenaje al presidente.