elnuevodiario.com.ni
  •   Israel  |
  •  |
  •  |
  • EFE

El acuerdo provisional alcanzado la madrugada de ayer en Ginebra por el G5+1 sobre la limitación del programa nuclear de Irán, supone una victoria para el presidente estadounidense, Barack Obama, aunque tendrá que enfrentarse a la oposición de un aliado clave como es Israel y al escepticismo de muchos congresistas.

Obama, que compareció ante los medios al poco de anunciarse el fruto de las conversaciones entre los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Rusia) más Alemania, consideró que se trata de “un gran acuerdo” que “hará el mundo más seguro”, pero advirtió de que “solo se trata de un primer paso”.

El presidente estadounidense enfatizó que la paralización durante seis meses del programa nuclear iraní es “un éxito diplomático” y recalcó que a través de él se ha conseguido que, por primera vez en una década, Irán pare su desarrollo.

El éxito de las conversaciones supone un espaldarazo para Obama en materia de política exterior, precisamente en uno de los momentos más bajos de su Presidencia en el plano interno.

Sin embargo, la apertura de Estados Unidos a Irán abre una amplia serie de interrogantes sobre el futuro de la implicación de EE.UU. en el movedizo tablero de Oriente Medio.

“Hartos de guerras”

Obama ha reiterado que, después de una década de conflictos en Afganistán e Irak, los estadounidenses están “hartos” de guerras y, aunque hace muy pocos meses pareció dispuesto a recurrir a la fuerza para obligar al régimen sirio a renunciar a su armamento químico, muchos observadores temen que EE.UU. haya decidido ya retirarse progresivamente de la zona y lo ocurrido en Ginebra sea un anuncio de ello.

El entendimiento con Teherán, aunque provisional y condicionado, deja a dos aliados clave en la región, Israel y Arabia Saudí, en una situación completamente nueva, y altera lo que había sido hasta ahora la relación de fuerzas en el gran conflicto regional entre suníes y chiíes, una rivalidad que tiene ramificaciones sangrientas en Irak, Siria, Líbano y Bahrein, entre otros focos de tensión.

Las primeras reacciones israelíes han sido muy negativas: “Lo que se ha acordado en Ginebra no es un acuerdo histórico, sino un error histórico (...) Hoy el mundo se ha convertido en un lugar mucho más peligroso”, dijo Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, al comenzar la reunión semanal con su Consejo de Ministros.

Obama se apresuró a rei-terar a su aliado que en caso de incumplimiento por parte del régimen islámico, Estados Unidos revocaría toda ayuda e impondría nuevas sanciones.