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En Sudáfrica les llaman “born free”. Son los menores de 29 años, nacidos tras la llegada de la democracia en 1994, y dan las gracias a Nelson Mandela por el país que se encontraron al nacer.

La capilla ardiente del líder sudafricano abrió este martes en los edificios de la Unión, una imponente construcción neoclásica levantada en 1913 en el punto más alto de Pretoria. Es el centro neurálgico de la política sudafricana, donde Mandela y los otros presidentes juraron su cargo.

El cuerpo estaba en el centro del patio frontal, cubierto por un toldo que le protegía del calor intenso. La mitad superior del féretro estaba abierto, y bajo un cristal se podía ver a Mandela, vestido con una camisa marrón de algodón estampada y transmitiendo serenidad.

La gente se inclinaba para dar rápidamente su adiós al hombre que trajo la democracia al país al ganar las elecciones de 1994 que enterraron definitivamente el régimen racista del apartheid. Eran muchos y la cola empujaba.

Nacidos libres

Una gran parte eran menores de 29 años, los “nacidos libres”, casi el 60% de los 52 millones de sudafricanos. Como Phindile Lepogo, una muchacha negra de 25 años. “Me siento mal porque todavía lo necesitamos, me gustaría que siguiera con nosotros”, explicó a la AFP.

“Cambió todo. Ahora tenemos libertad, todo está bien. Nadie podrá reemplazarle y el deber de mi generación era venir a darle las gracias”. Cuando se le pregunta por los desafíos que aguardan a la gente de su edad, no lo duda: “empleo”, que es justo lo que no tiene un cuarto del país.

 

"Parece sereno"

Las hermanas Crisp, blancas, también se mostraron agradecidas. “Mandela parece sereno”, observó Victoria, que cree que su legado es inconmensurable. “Lo que le debemos no se puede medir, es absolutamente incalculable. El mundo tiene una deuda con él”, afirma Victoria, de 25, la mayor.

Sin Mandela, “mi vida hubiera sido muy diferente. Nos criamos con amigos de todos los colores y razas”. ¿Desafíos de su generación? “Muchos”, dice la primogénita, que ve en Mandela un ejemplo. “Es alguien que dedicó mucho tiempo a construir sus argumentos. Tenemos que hacer lo mismo”.

Su hermana Anneslui, 23 años, cree que el tiempo dirá lo que puede dar la primera generación democrática; “somos técnicamente una generación joven” y con poca presencia en el poder.

En cualquier caso, “Mandela hizo que ni siquiera pueda imaginarme haber nacido en otra generación”, tal fue el cambio, explica Anneslui. “Ya no miramos con lentes, y eso nos lo dio él”, sentenció.