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  • AFP

Se fueron las celebridades y los presidentes extranjeros y este jueves miles y miles de sudafricanos pudieron rendir homenaje ellos solos a Nelson Mandela.

La capilla ardiente de Mandela, fallecido el jueves a los 95 años, abrió por segundo día en el edificio de la Unión de Pretoria, sede del Gobierno y lugar donde el líder sudafricano juró su cargo como primer presidente negro y democrático de Sudáfrica en 1994.

El miércoles desfilaron ante Mandela 14,000 personas, dijo el Gobierno, y la cifra sería superior ayer jueves porque no tuvieron que esperar a que diputados, cantantes y ministros acabaran su visita para pasar ellos.

A primeras horas de la mañana la gente formaba una inmensa cola serpenteante de varias calles enfrentándose a un sol de justicia.

La foto en internet

“No puedo ni dormir pesando en Madiba”, dijo Anita Bodiba, 35 años, usando el nombre familiar de Mandela.

El cuerpo de Mandela yace en el centro del patio del edificio de la Unión, cubierto por un toldo y en un féretro que permite ver la mitad superior de su cuerpo.

Para disgusto del Gobierno y de los internautas, una supuesta foto del rostro de Mandela fallecido circulaba por internet sin que por ahora se haya confirmado su autenticidad.

El Gobierno sudafricano anunció que no proporcionará fotografías de la capilla ardiente de Mandela.

De hecho, la foto se parece como dos gotas de agua a una imagen de Mandela con los ojos cerrados —parecía dormitar— tomada por un fotógrafo de la AFP en 1991.

Un miembro de la familia Mandela está constantemente a su lado, como manda la tradición antes del entierro, algo en lo que pocos parecían haber reparado, por lo que la televisión pública Sabc pedía que se le dispensase un saludo.

“Una parte de la familia está ya en Qunu”, donde tendrá lugar el entierro, pero “otros están en Pretoria porque no podemos dejar solo a Madiba” (el apodo de Mandela), dijo el portavoz de la familia, Temba Matanzima, a la emisora de radio eNCA.

"Se me eriza el pelo"

Como ocurrió el miércoles, los sudafricanos aguardaban el paso del cortejo. “Se me eriza el pelo. Es un cuerpo sin alma. Como cuando te dejan tus padres. Lloro por mi presidente”, explicó Johanna Moyo, de 41 años.
Vicky Joubert, de 40 años, blanca afrikáner, trajo a su hija de 11 años para que viera pasar los restos de Mandela.
“Hizo algo por este país que nosotros [los afrikáners] no hubiéramos hecho fácilmente. Tenemos que trabajar juntos o este país no funcionará. Pelear no ayuda”, aseguró.