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  •   Bangkok, Tailandia  |
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  • EFE

Las protestas que se tornaron violentas a finales de noviembre agudizaron la grave división política que arrastra Tailandia desde el golpe de Estado de 2006 contra el ex primer ministro Thaksin Shinawatra.

En un intento de disolver la crisis política, la jefa del Ejecutivo, Yingluck Shinawatra, disolvió el Parlamento a principios de este mes y convocó elecciones anticipadas para el próximo 2 de febrero, tras la dimisión en bloque de la oposición.

Los líderes del opositor Partido Demócrata también sopesan boicotear los comicios para respaldar a los manifestantes antigubernamentales, quienes exigen que el poder lo asuma temporalmente un "consejo popular" no electo.

El objetivo de los manifestantes es acabar con lo que denominan el "régimen de Thaksin", en referencia a Thaksin Shinawatra, hermano de la actual jefa del Gobierno y a quien acusan de dirigir el Gobierno desde el exilio, donde evita una condena por corrupción.

Las protestas, que comenzaron en octubre y llegaron a congregar a más de 100.000 personas, mantuvieron ocupados durante días el ministerio de Finanzas y el complejo gubernamental de Chaeng Wattana, aunque el grueso se encuentra en torno al Monumento de la Democracia.

El 30 de noviembre, al menos cinco personas murieron y otro medio centenar resultó herido en enfrentamientos entre detractores y simpatizantes del Ejecutivo en los disturbios que causaron el caos durante toda una noche en torno a la Universidad de Ramkanhaeng.

Al día siguiente, la Policía usó gases lacrimógenos, cañones de agua y munición de goma para evitar que los manifestantes irrumpieran en las sedes del Gobierno y de la Policía Metropolitana.

Tras dos días de escaramuzas callejeras, el Gobierno permitió a los manifestantes ocupar por unas horas ambas sedes estatales y se pactó una especie de tregua para respetar la celebración del cumpleaños del rey, Bhumibol Adulyadej, quien cumplió 86 años el 5 de diciembre.

En un giro inesperado, los manifestantes y agentes del orden se intercambiaron rosas, abrazos y besos, aunque fue sólo un paréntesis en medio la tensión política.

El principal cabecilla del movimiento opositor, el ex viceprimer ministro Suthep Thaugsuban, propone la creación de un "consejo popular" no electo con el beneplácito del respetado monarca.

Suthep, quien ha renunciado a asumir en el futuro cualquier rol político, ha calificado su programa como un "golpe de Estado popular" contra Thaksin y sus aliados, a los que acusa de corrupción y ganar las elecciones con la compra de votos y embaucando a las clases humildes.

"La única diferencia es que los militares sólo necesitan tres horas para tomar el poder, mientras que los ciudadanos desarmados necesitan más tiempo", aseveró el cabecilla, de 64 años.

El problema de Suthep y sus seguidores radica en que la mayoría de los tailandeses, según indican las elecciones desde 2001, apoyan a Thaksin Shinawatra y sus aliados.

Suthep por eso sostiene que las urnas en las condiciones actuales no solucionarán nada porque volverían a ganar los aliados de Thaksin y Tailandia volverá a estar gobernada por un Gobierno que, en su opinión, fomenta la corrupción y el nepotismo.

En su opinión, la solución a la crisis pasa por la dimisión de la primera ministra y que asuma el poder un consejo no electo formado por 400 profesionales y representantes sociales, de los que 100 serían elegidos por su plataforma.

El proceso culminaría con la celebración de elecciones a finales de 2014 o en 2015.

La jefa del Gobierno, de 46 años, ha hecho un llamamiento al entendimiento y se muestra abierta a negociar reformas, pero no a dimitir y ceder el poder a un consejo no electo, tal como piden sus opositores, porque lo considera contrario a la Constitución.

Según las autoridades tailandesas, al menos 40 gobiernos, entre ellos los de Estados Unidos, China y Rusia, además de la Unión Europea, han expresado su apoyo a las elecciones anticipadas hasta la fecha.

Los seguidores de Suthep, quien abandonó el Partido Demócrata en noviembre para encabezar esta cruzada, provienen principalmente de las clases medias y altas urbanas, las élites cercanas a la monarquía y el Ejército y gran parte del electorado de las provincias sureñas.

Estos estratos sociales también nutrían en su mayoría a los "camisas amarillas" que protagonizaron las protestas que propiciaron la asonada de 2006 y cerraron los aeropuertos de Bangkok dos años más tarde para conseguir la caída de un Ejecutivo afín a Thaksin.

Por otra parte, los "camisas rojas", seguidores de Thaksin, se concentran sobre todo en el norte y noreste rural y las clases más humildes que se beneficiaron de las políticas sociales del exmandatario, calificadas como "populistas" por sus detractores.

Desde el último golpe militar, Tailandia arrastra una grave crisis política con frecuentes manifestaciones y protestas callejeras de bandos enfrentados que buscan paralizar al Gobierno de turno.