•   La Habana, Cuba  |
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  • AFP

Dominado por los vetustos “almendrones” estadounidenses de los cincuenta y los antiguos Lada de la era soviética, el parque automotor de Cuba se rejuvenecerá ahora con la libre importación de vehículos, anunciada ayer jueves por el gobierno comunista de la isla.

“Serán publicadas durante los próximos días en la Gaceta Oficial nuevas normas jurídicas que pondrán en vigor la política para la importación y comercialización de vehículos de motor, según se aprobó este miércoles en la reunión del Consejo de Ministros”, señaló ayer el diario oficial Granma, al anunciar una de las medidas más esperadas de las reformas económicas del presidente Raúl Castro.

El periódico destacó que, en consecuencia, se libera la importación y venta de motos, autos, furgonetas de carga, camionetas y microbuses, nuevos y de segunda mano, para cubanos y extranjeros residentes en la isla, así como para las entidades extranjeras y diplomáticos, estableciendo “precios minoristas semejantes a los que reconoce el mercado entre particulares”.

La medida, aprobada dos años después de que Raúl Castro permitiera la compraventa de autos usados, también permitirá “la compraventa de motores (...) y carrocerías entre particulares” y “la venta de carrocerías resultantes del desarme de vehículos”.

Según Granma, con los impuestos de esas ventas “se creará un fondo especial para el desarrollo del transporte público”, servicio que tiene muchas deficiencias en la isla.

Sin necesidad de permiso

Las nuevas normas dejan “sin efecto las cartas de autorización” que el Ministerio de Transporte entregaba a algunos cubanos, sobre todo músicos, médicos y otros profesionales que cumplían misiones en el exterior, para poder adquirir un auto, añadió Granma.

El diario admitió que ese mecanismo “burocrático” generó durante años “inconformidad, insatisfacción y, en no pocos casos”, se convirtió “en una fuente de especulación y enriquecimiento”, pues muchos cubanos vendían “las referidas cartas incluso antes de comprar el vehículo”.

Decenas de miles de cubanos disponen actualmente de ese permiso, mediante el cual pueden adquirir un vehículo de segunda mano, pero ese mecanismo estaba congelado desde abril.

Granma precisó que la “venta liberada se irá implementando de manera gradual y paulatina, y en ella tendrán prioridad quienes actualmente posean cartas de autorización”.

Poder comprar un auto nuevo sin permiso estatal era uno de los reclamos que los cubanos hacían al gobierno de Raúl Castro, que autorizó en septiembre de 2011 la compraventa de automóviles usados, que también estuvo prohibida durante medio siglo.

Estas son las reformas de mayor impacto de las impulsadas por Raúl Castro desde que sucedió en el mando a su hermano Fidel en 2006, junto con la aprobación de la compraventa de casas y la nueva ley migratoria, que entró en vigor en enero y permitió a los cubanos viajar al exterior sin pedir permiso al gobierno por primera vez en 50 años.

Hasta 2011 los cubanos solo podían comprar y vender los modelos de autos de antes del triunfo de la revolución de 1959, casi todos de fabricación estadounidense, conocidos popularmente en la isla como “almendrones”, muchos de los cuales sirven actualmente como taxis colectivos en La Habana.

 

Carísimos

Para los cubanos, con un salario promedio de 20 dólares al mes, tener un auto representa un lujo: un destartalado coche ruso de los años ochenta, Lada o Moskovich, puede costar unos 3,000 dólares, pero uno bien conservado vale unos 12,000 dólares.
Un almendrón de los que sirven de taxi también cuesta unos 12,000 dólares, pero los descapotables y muy bien conservados Chevrolet, Cadillac o Chrysler llegan a venderse en 80,000 dólares.
En el sitio de avisos clasificados Revolico (www.revolico.com), muy popular en la isla, este jueves había ofertas de vehículos desde 8,000 hasta 60,000 dólares, según el año, estado técnico, país de fabricación y marca.
En la isla, donde no se publican cifras del parque automotor, se estima que existen unos 60,000 “almendrones”, una cifra similar de autos rusos de los años setenta y ochenta, e igual número de coches más modernos fabricados principalmente en Europa y Asia.
El parque es reducido en comparación con el resto de América Latina, lo que permite que La Habana sea una ciudad donde prácticamente no existen embotellamientos de tránsito.