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  • EFE

El papa Francisco dedicó ayer el mensaje de la primera Navidad de su pontificado, a pedir la paz para los lugares del mundo donde reina la violencia y tuvo también palabras para los inmigrantes y las víctimas de las catástrofes naturales.

El Papa, asomado al balcón de la Logia central de la Basílica de San Pedro, para la tradicional bendición “Urbi et Orbi” (A la Ciudad y al Mundo) comenzó su mensaje diciendo en italiano: “Hermanos y hermanas de todo el mundo: ¡Feliz Navidad!”.

En su mensaje recordó que “las guerras destrozan tantas vidas y causan tanto sufrimiento” y después en un larga plegaria fue enumerando los lugares de la Tierra donde existen conflictos, rogando para que llegue la paz.

Una paz, explicó el Papa, “que no es un equilibrio de fuerzas opuestas. No es pura “fachada”, que esconde luchas y divisiones. La paz es un compromiso cotidiano, que se logra contando con el don de Dios, con la gracia que nos ha dado en Jesucristo”.

Ante una Plaza de San Pedro a la que acudieron 70,000 personas, según datos del Vaticano, Jorge Bergoglio recordó a “los niños que son las víctimas más vulnerables de las guerras”, pero instó también a pensar “en los ancianos, en las mujeres maltratadas y en los enfermos”.

“Sigamos rezando al Señor para que el amado pueblo sirio se vea libre de más sufrimientos y las partes en conflicto pongan fin a la violencia y garanticen el acceso a la ayuda humanitaria”, dijo el Papa.

También recordó a la República Centroafricana, “a menudo olvidada por los hombres” y pidió al Señor que “reine la paz también en aquella tierra, atormentada por una espiral de violencia y de miseria, donde muchas personas carecen de techo, agua y alimento, sin lo mínimo indispensable para vivir”.

El primer Papa latinoamericano suplicó para que se “convierta el corazón de los violentos, allá donde se encuentren, para que depongan las armas y emprendan el camino del diálogo” y pidió a Dios que vele “por Nigeria, lacerada por continuas violencias que no respetan ni a los inocentes e indefensos”.

También hizo un llamamiento para que llegue la paz a Tierra Santa, adonde se espera viajará el próximo año.

El Papa, que eligió la isla de Lampedusa como su primer viaje en Italia, pidió a Dios “que los emigrantes, que buscan una vida digna, encuentren acogida y ayuda”.

 

Contra la trata

El pontífice también rezó para que “el Niño de Belén toque el corazón de cuantos están involucrados en la trata de seres humanos, para que se den cuenta de la gravedad de este delito contra la humanidad”.

Tuvo un pensamiento también por “los niños secuestrados, heridos y asesinados en los conflictos armados, y sobre los que se ven obligados a convertirse en soldados, robándoles su infancia”.

Y en esta plegaria de Navidad, recordó cómo “la codicia y el egoísmo de los hombres explota indiscriminadamente” el planeta y pidió “protección” para aquellos que han sufrido desastres naturales, como el pueblo filipino azotado por el tifón.

“No tengamos miedo de que nuestro corazón se conmueva. Lo necesitamos. Dejemos que se caliente con la ternura de Dios. Las caricias de Dios no hacen heridas y nos dan la paz y la fuerza que necesitamos”, añadió improvisando el Papa.

Tras el mensaje, el pontífice impartió como es tradición, la bendición “Urbi et Orbi” (A la Ciudad y al Mundo).