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La pasada Nochebuena, los hombres del capo Osiel Cárdenas, en México, se dedicaron a repartir comida y juguetes entre los viandantes en Tampico.

Que la Navidad es época de guardar las navajas, decretar treguas y posponer broncas lo saben hasta los narcotraficantes mexicanos. Por lo menos los del Cártel del Golfo, que se han vuelto “buenos” por un día y han querido tener tranquilos a los vecinos de Tampico, capital del Estado de Tamaulipas, fronterizo con Estados Unidos, y escenario de sangrientos ajustes de cuentas entre bandas criminales.

La pasada Nochebuena, los hombres del capo Osiel Cárdenas interrumpieron sus actividades “habituales”, y en lugar de colgar cadáveres torturados de los puentes y sembrar de cabezas cortadas las plazas, se dedicaron a repartir comida y juguetes entre los viandantes.

Operación “marketing”

La acción quedó plasmada en un vídeo que subieron a internet el 28 de diciembre, y que, aunque lo parezca, no fue una inocentada, sino una verdadera operación de marketing.

La filmación arranca con imágenes de camellos de Oriente que, en un alarde conceptual, dan paso a camionetas cargadas de paquetes con las que nuestros “simpáticos” protagonistas recorren algunos rincones de la ciudad.

Raros Reyes Magos

Hay que reconocer que los improvisados Reyes Magos son un poco raros: no llevan turbantes sino gorras de béisbol, y alguno va armado. A la gente le da igual y acude en tropel. A caballo regalado... “Necesito que las familias estén juntas. No quiero que se formen dos veces”, dice un paje que se conoce el percal. Pero no abre fuego. Hoy es día de saludar a las señoras y acariciar las cabezas de los niños. En la estación de autobuses, las masas corean: “A la bim, bom, bam, el Cártel del Golfo, ra, ra, ra”.

Se golpean el pecho

Es frecuente que los narcos hagan obra social: después de todo, comparten con la clase política la arraigada tradición clientelar.

Los del Golfo repartieron ayuda tras el huracán Ingrid, y también hicieron un vídeo. Amado Carrillo, el legendario Señor de los Cielos, muerto durante una liposucción, viajaba a Tierra Santa y hacía donaciones a la Iglesia, que el párroco de su pueblo recibía siguiendo la máxima del padre Prior: “Todo es bueno pal convento”.