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  • AFP

La controvertida congregación ultraconservadora Legionarios de Cristo, blanco de un escándalo mundial por el comportamiento de su fallecido fundador, el mexicano Marcial Maciel, condenado por abusos sexuales a menores, se reúne a partir de este miércoles en Roma para decidir su futuro.

En total, 61 responsables de la congregación presente en 22 países, sobre todo en América Latina, y que cuentan con 900 sacerdotes, 945 seminaristas, unos 70,000 miembros laicos y gestiona 12 universidades, deberán renovar su constitución tras los escándalos de pedofilia que desde hace años azotan a la entidad.

“Se trata de unos de los primeros retos que el Papa argentino Francisco deberá encarar”, reconocieron esta semana expertos del Vaticano.

Maciel, que hasta casi su muerte, en 2008 a los 87 años, dirigió con mano de hierro a los Legionarios de Cristo, congregación fundada en 1941 en México, fue condenado por abusos sexuales a menores y mantuvo una doble vida con dos mujeres y varios hijos.

Los delegados, elegidos por ellos mismos, entre ellos 20 mexicanos y 17 españoles, deberán examinar la situación interna después de que Maciel fuera relegado al silencio en 2006 por pedofilia y tildado como un “falso profeta” por el mismo papa emérito Benedicto XVI, quien condenó la vida “sin escrúpulos y sin verdadero sentimiento religioso” que llevó el mexicano.

La desacreditada congregación, que durante los largos años del pontificado de Juan Pablo II era considerada un ejemplo de virtud, obteniendo una notable influencia, tenía que realizar en los últimos siete años una profunda reforma interna como respuesta a las atrocidades cometidas por su fundador y varios colaboradores.

Los delegados, convocados en Roma, entre ellos varios representantes de la rama laica Regnum Christi, deberán aprobar nuevos estatutos y sobre todo nuevas directivas.

En una carta enviada en junio pasado, el papa Francisco instó a la congregación a realizar una “renovación auténtica y profunda”, y consideró “pasos imprescindibles” elegir un nuevo gobierno y aprobar una nueva constitución.

El sumo pontífice anunció, además, que todas las decisiones que serán tomadas en esa reunión serán examinadas por él mismo para su aprobación tras haber sido permanentemente informado sobre el proceso de la misma.