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Solo 24 horas después de que se supiera que Angela Merkel sufría una rotura de pelvis como consecuencia de una caída mientras esquiaba, la canciller alemana ha reaparecido en público. Ha sido en la mañana de ayer martes cuando se ha dejado ver durante una recepción en la Cancillería, donde un grupo de niños interpretaron una selección de villancicos; Merkel camina con la ayuda de muletas.

La canciller, de 59 años, tiene una conocida debilidad por el deporte y, para ella y su esposo, el químico Joachim Sauer, las vacaciones de invierno en el exquisito balneario suizo de Engadin se han convertido en un ritual casi sagrado, donde ambos practican el esquí de fondo. Pero este año, el ritual estuvo a punto de convertirse en una pesadilla a causa de un accidente que sufrió la canciller mientras esquiaba y que le causó una fractura del anillo pélvico interior izquierdo.

El accidente, dado a conocer por su portavoz, Steffen Seibert, desplazó las malas noticias a un segundo plano y atrajo la atención de medio Berlín, cuando se supo que la mujer más poderosa del mundo, según la revista Forbes, debía cancelar prácticamente todas sus actividades y guardar reposo, al menos, durante tres semanas.

Contusión severa

“Se trata de una contusión severa asociada a una fractura incompleta del anillo pélvico interior izquierdo”, dijo el portavoz, al señalar que los médicos le han recomendado reposo absoluto y que el accidente le impide viajar.

Añadió que cayó mientras hacía esquí de fondo.

Cada año, Merkel y su esposo, se refugian en Engadin para disfrutar de la paz, el anonimato y de su deporte favorito. El exclusivo balneario es visitado por todos los personajes famosos que odian los reflectores y los paparazzis, una moda que invade otro pueblo famoso ubicado a tan solo 10 kilómetros de distancia: St. Moritz.

El portavoz no precisó cuándo ocurrió el accidente, pero con seguridad este tuvo lugar hace ya varios días, ya que todo estaba programado para que Merkel reiniciara sus actividades este lunes. La canciller había regresado a Berlín poco después de las navidades y su última actividad oficial fue grabar, el 30 de diciembre, el mensaje de fin de año que dirige a la nación.

Participarán en reunión

Por precaución Merkel se dejó examinar, el viernes, por un médico quien le detectó la fractura parcial. A pesar del accidente, la canciller tiene previsto este miércoles dirigir la primera reunión de Gabinete del Gobierno de gran coalición.

Pero Merkel, que necesitará de un andador para poder caminar, tuvo que cancelar un viaje que tenía previsto hacer a Polonia este miércoles y una entrevista con el nuevo primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, programada para el jueves de esta semana.

En la primera comunicación oficial sobre el accidente, el portavoz no dio detalles de cómo se había producido, pero el periódico Bild ha señalado en su página web que la causa se podría deber a la “fatiga de material” de sus esquíes. Merkel, usa los mismos desde hace 20 años, que fueron construidos por la firma Germina Alpha CS, una fábrica de la ex RDA.

La canciller, además de practicar con asiduidad el esquí de fondo, es una amante de la montaña. Los veranos suele pasarlos haciendo senderismo. Cada año, la canciller y su esposo se convierten en excursionistas en Solde, un pequeño pueblo ubicado en los Alpes italianos a 1,900 metros de altura, habitado por unas 400 personas y donde el habitante más ilustre y famoso no es otro que Reinhold Messner, el hombre que desafió a la naturaleza escalando montañas de ocho mil metros sin máscara de oxígeno y cruzando desiertos feroces a pie.

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Donde la privacidad tiene prioridad

El destino vacacional de Merkel fue revelado, casi por casualidad, hace ya varios años y aunque toda la prensa alemana conoce el lugar donde se hospeda la canciller y su esposo --el hotel Marlet, un establecimiento de cuatro estrellas y que cobra unos 160 euros diarios con régimen de media pensión--, nadie ha querido asomar la nariz para intentar captar imágenes indiscretas, como sucede durante las vacaciones de Semana Santa, que suele pasar en Ischia. En la isla, la canciller fue fotografiada cambiándose el bañador en la piscina y en sus últimas vacaciones, los paparazzis se dieron una fiesta captando imágenes de Merkel, su esposo, el hijo de este y sus nietos jugando en la playa.

En Solde es otra cosa. El pueblito ubicado en Trestino Alto Adige, una región donde se habla alemán, la privacidad tiene prioridad. Durante dos semanas, la pareja se viste cada día con ropas apropiadas para realizar largas caminatas y, de vez en cuando, se atreven a escalar las montañas poco peligrosas. “Angela Merkel es muy buena para caminar y cuando estamos de excursión no hablamos de política, sino sobre las montañas y la naturaleza”, confesó el alpinista, quien se ha convertido con el tiempo en un amigo personal de Merkel, pero también en su guía preferido.