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El futuro de dos sitios emblemáticos del patrimonio palestino, el pueblo de Battir, célebre por su antiguo sistema de irrigación, y el pintoresco valle de Cremisán, depende de la justicia israelí, que se pronuncia este miércoles sobre la barrera que está construyendo Israel en Cisjordania.

La Corte Suprema de Israel examinará un recurso contra la construcción de esta barrera, que los palestinos han bautizado “muro del apartheid”, en Battir, que cuenta con terrazas agrícolas de la época romana, las cuales, se considera, tienen serias posibilidades de que la Unesco las declare Patrimonio de la Humanidad.

También, la Corte examinará un recurso de los habitantes del valle de Cremisán, célebre por su viñedo --que produce el vino de misa de Tierra Santa-- y su comunidad monástica salesiana.

“La construcción del muro destruiría partes del sistema de irrigación que existe desde hace 2,500 años, incluso los canales de piedra romanos”, declaró a la AFP el alcalde de Battir, Akram Badr.

“Catastrófico”

“Sería catastrófico, no solo para los palestinos, sino también para este sitio del patrimonio mundial”, advirtió este martes en la radio la Voz de Palestina, aclarando que piensa que la Corte confirmará una decisión anterior que obliga al Ministerio de Defensa a revisar el trazado del muro.

El recurso, presentado por la ONG Amigos de la Tierra/Medio Oriente, también cuenta con el apoyo de la Autoridad israelí de reservas y parques naturales, que considera necesario defender el sitio y el medio ambiente. Este apoyo es poco común, ya que esta instancia está dirigida por partidarios de la colonización de los territorios ocupados por el Estado de Israel en 1967.

El Ministerio de Defensa israelí afirmó que “su primera y fundamental misión es garantizar la seguridad de los ciudadanos de Israel”, agregando que el trazado inicial del muro se había modificado y que “solo se afectaría parcialmente la primera hilera de terrazas”.

“Microcosmos sobre situación”

Por otra parte, la barrera podría separar Belén, Beit Jala y las localidades vecinas del valle de Cremisán, que va quedar del lado israelí del muro.

La primera denuncia de los agricultores de Cremisán, un valle pintoresco de 170 hectáreas, remonta a 2006.

“El muro pone en peligro a todos los habitantes de Beit Jala, cristianos y musulmanes”, declaró a la AFP el cura de Beit Jala, Ibrahim al Shomali.

“Afectará más a los cristianos porque aquí, el 99% de la tierra pertenece a 58 familias cristianas”, agregó. “Esto podría llevar a la comunidad al exilio porque, tras haber perdido su tierra, ya no le quedarían motivos de permanecer” en este lugar, puntualizó.

Peligro

Los obispos miembros de la Coordinadora por Tierra Santa, difundieron este martes un comunicado de apoyo a las familias de Beit Jala.