•   KENDALL, Florida, EE.UU.  |
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  • AP

Las elecciones son el 4 de noviembre, pero en la Florida, un estado aquejado por problemas de votación en elecciones recientes, muchos habitantes han decidido votar con días de antelación.

Eso, sin embargo, implica a veces esperar en largas filas, pues muchos centros de votación aún no están propiamente equipados.

Unos dos millones de floridanos han acudido a las urnas tempranamente, y el número aumenta en decenas de miles cada día. Las filas se han hecho tan largas que el gobernador Charlie Crist emitió un decreto prorrogando las horas de sufragio.

En un día reciente, en la biblioteca local de Kendall, la gente esperaba en promedio unas dos horas y media para votar.

La enorme cantidad de tiempo en la fila ha permitido a la gente hacer nuevas amistades y compartir pareceres sobre la situación del país. En ese estado de nutrida población hispana, el tema cubano es de especial interés.

"Me pregunto si con un gobierno de Barack Obama Estados Unidos seguirá siendo un país democrático", dijo Alicia Ruiz, una cubanoestadounidense de 55 de edad que apoya a John McCain. Añadió que Obama le recuerda a Fidel Castro y mencionó la acusación de los republicanos de que el candidato demócrata es un socialista. "No quiero que las cosas aquí terminen como en Cuba".

También en la fila estaba Francisco Albear, otro cubano estadounidense y quien también apoya a McCain. Tiene 84 años y porta un parche sobre su ojo izquierdo. "¿Vio esto?", preguntó a una reportera, apuntando al parche, "eso me lo dio el tiro de un comunista en La Habana en 1963. ¿Tú crees que yo voy a ser comunista?".

Kevin Brown, un jamaiquino de 47 años, dijo que votará por Obama. Relató que vino de Jamaica hace 30 años y que cree que el candidato demócrata es el único que puede reparar la maltrecha reputación de Estados Unidos a nivel internacional.

"Después de los ataques del 11 de septiembre, teníamos el apoyo del mundo entero y lo desperdiciamos", opinó.

Muchos de los presentes no vinieron para hablar de política. Dos señoras, Abby Jalkower y Sandy Speicher, conversaban sobre sus hijos y el clima. Pero poco después la plática se tornó seria.

Junto con dos mujeres cubanoamericanas que les seguían en la fila, comenzaron a hablar de cómo la crisis económica les estaba afectando. Jalkower perdió su empleo como secretaria de una firma de abogados; Speicher es ama de casa pero su esposo trabaja para las fuerzas armadas. Para Milly Gonzalez, las repercusiones se sienten por la debilidad del negocio de su esposo, vendedor de artefactos eléctricos. El marido de Diane DeVarona perdió su empleo en una compañía de bienes raíces.

"Me temo que habrá una gran recesión", comentó Jalkower. Speicher, parada a su lado, asintió con la cabeza. "¿Qué pasa si se cae todo abajo? ¿Qué hacemos entonces?".

Aun así, el tema que volvía y volvía era la longitud de la fila. "Justo ahora estábamos hablando de lo diferente que es votar en el norte del país comparado con aquí", dijo Speicher quien es originalmente de Pensilvania, mientras que Jalkower es originalmente de Nueva Jersey. "Creo que la gente aquí aprecia el derecho al voto, es una libertad que tenemos".

Detrás de Speicher, Milly González expresó: "Lo apreciamos porque es un derecho que no teníamos en Cuba". DeVarona añadió: "Mis padres nacieron en Cuba y allí también había largas filas, pero eran para comprar comida".