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La crisis financiera acapara la XVIII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, España y Portugal que se celebra en San Salvador, pese a que formalmente este año está dedicada a la juventud y el desarrollo.

También la condena y repulsa por el atentado con coche bomba de la banda separatista vasca ETA que este jueves dejó 17 heridos en la Universidad de Navarra, en Pamplona (norte), marcó las intervenciones de los gobernantes en la asamblea general.

"La máxima contundencia del estado de derecho, de la unidad de los demócratas, logrará acabar con esa lacra que asola a nuestro país y a otros países", aseguró de forma "inequívoca" el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapaterom, al tiempo que el rey Juan Carlos manifestó su "firme condena y repulsa" por el ataque terrorista.

Por su parte, el presidente salvadoreño y anfitrión de la reunión, Elías Antonio Saca, propuso que la Cumbre Iberoamericana emita una condena unánime del atentado, algo que no debería resultar difícil de concretarse dada la coincidencia en ese sentido en los primeros discursos de la asamblea general.

En lo que respecta a la crisis financiera, que se ha colado en esta cumbre, cuyo objetivo es la juventud y su desarrollo, los mandatarios iberoamericanos elaboraban una declaración conjunta en la que evalúan "la oportunidad de convocar con urgencia" una reunión al máximo nivel en el marco de Naciones Unidas, según un proyecto de resolución al que tuvo acceso la AFP.

No obstante, las diferencias entre los países afloraban hasta esta declaración, pues este párrafo, el único que propone medidas concretas, seguía entre corchetes, en señal de que no suscita el acuerdo general.

El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, señaló en su intervención que en un "momento delicado" como es la actual crisis financiera "va a parecer muy extraño que al dejar este encuentro, regresemos a nuestros países y no tengamos una decisión conjunta sobre la crisis económica".

El miércoles, el canciller español, Miguel Angel Moratinos, había reclamado una respuesta "unida, clara, coherente y firme", pero los doce párrafos de este proyecto de declaración son un ejercicio lingüístico para no comprometerse a nada.

Los iberoamericanos están "determinados a participar y contribuir activamente en un proceso de transformación profunda y amplia de la arquitectura financiera internacional" que contemple instrumentos de prevención y respuesta inmediata ante futuras crisis y garantice una regulación eficaz de los mercados internacionales, señala el documento.

Al mismo tiempo, urge una "conclusión satisfactoria y equilibrada" de las negociaciones multilaterales de la Ronda de Doha para la liberalización del comercio agrícola mundial, y pide coordinar posiciones ante la próxima Conferencia, también de Doha, sobre Financiación para el Desarrollo.

Y es que no todos los miembros de la comunidad iberoamericana ven la solución desde la misma óptica, en particular algunos de los que tienen gobiernos de izquierda, como Bolivia, Cuba, Ecuador o Venezuela.

"Venezuela cree que todos los países deben ser escuchados, no sólo los grandes, porque la crisis afecta a todos", comentó a la AFP Alejandro Fleming, vicecanciller de Venezuela, cuyo presidente Hugo Chávez es uno de los grandes ausentes de la cumbre.

Pero si hay algún sector que puede resultar perjudicado con la crisis, éste es el de los jóvenes, que siguen siendo víctimas del desempleo, la marginación y la violencia, en particular en América Latina.

Por eso, el rey Juan Carlos aseguró que una de nuestras obligaciones prioritarias es crear las condiciones adecuadas en cada uno de los países para la juventud.

"Si no lo conseguimos (...) estaremos comprometiendo el destino de nuestros hijos y faltando a nuestras responsabilidades", alertó.