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  • EFE

Más de 300.000 iraquíes se han visto desplazados en las últimas seis semanas por la situación de inseguridad en las ciudades de Faluya y Ramadi, ambas en la provincia occidental de Al Anbar, informó hoy la ONU en Irak.

En un comunicado, las Naciones Unidas señalaron que los afectados pertenecen a unas 50.000 familias, que actualmente necesitan ayuda humanitaria urgente y están viviendo en escuelas, mezquitas y otros edificios públicos.

Esos desplazados han huido de los enfrentamientos entre las tropas gubernamentales y los grupos extremistas en Al Anbar, apoyados por tribus suníes en ambos casos.

Sin embargo, también hay otras 60.000 personas que han abandonado sus hogares por la violencia en otras partes del país, como en la provincia de Salahedín (al norte de Bagdad) y en las ciudades de Erbil (norte) y Kerbala (sur).

Además, hay unos 7.000 desplazados iraquíes en la localidad de Al Qaim, en la frontera con Siria, donde también hay unos 5.000 refugiados sirios que sufren escasez de alimentos.

Estas personas se unen a los más de 1,1 millones de iraquíes que todavía no han regresado a sus hogares por las diferentes olas de violencia, principalmente por la registrada entre 2006 y 2008.

En todo el país, las agencias de la ONU están recibiendo informes de muertes de civiles y comunidades afectadas por los choques y que necesitan víveres y otros artículos de necesidad.

Por su parte, el Ministerio de Desplazamientos y Migraciones de Irak ha estimado que necesita unos 35 millones de dólares para proporcionar ayuda humanitaria a los afectados por la crisis de Al Anbar.

Los desplazados también están recibiendo ayuda de la Media Luna Roja y otras organizaciones no gubernamentales, según la ONU, que considera que el bloqueo de carreteras está siendo un obstáculo para el reparto de la ayuda.

El Gobierno del chií Nuri al Maliki está llevando a cabo una ofensiva contra los grupos terroristas en Al Anbar desde inicios de este año, mientras que una parte de los suníes siguen rechazando la discriminación que dicen sufrir por parte de las autoridades.

Irak se enfrenta a un aumento de la violencia confesional y de atentados terroristas que causaron el pasado año la muerte de más de 8.860 personas, de las que 7.818 eran civiles, según un recuento realizado por Naciones Unidas.