Jorge Eduardo Arellano
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WAM, PAKISTÁN / AFP

Los niños suplicaban que les arrojaran comida desde los camiones que atravesaban la zona devastada por un sismo que dejó 215 muertos, mientras los sobrevivientes se aprestaban el jueves a sobrellevar otra noche de temperaturas frígidas a la intemperie en los destruidos pueblos montañosos.

A medida que la cifra de muertos por el terremoto del miércoles en la provincia sudoccidental de Beluchistán se elevaba a ese número, los soldados y los grupos de asistencia extranjeros distribuían mantas, ropas y carpas y trataban a cientos de heridos.

Pero muchos entre las 15,000 personas que perdieron sus viviendas en la empobrecida región cerca de la frontera con Afganistán se quejaron de haber recibido poca ayuda o ninguna.

“El terremoto destruyó nuestras casas, pero ahora la lenta respuesta del gobierno nos está matando”, dijo Moosa Kaleem, sentado con su esposa y cuatro hijos entre los restos del pueblo de Ziarat. “No podemos pasar otra noche con este clima helado, especialmente los niños”.

En la región opera un antiguo movimiento separatista, aunque hasta ahora no había sentido la influencia de los milicianos y la violencia experimentadas en otras zonas tribales a lo largo de la frontera.