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AGENCIAS

Un agresivo Barack Obama se lanzó a hacer campaña en territorio republicano, en Springfields, Virginia, casi seguro de que alcanzará la silla presidencial en la Casa Blanca el próximo martes, después de que diversas en cuestas lo ubican por encima de su contendor John McCain, quien no perdió la oportunidad de calificar al candidato demócrata como la “extrema izquierda” de la política estadounidense.

Obama dijo el viernes, en Des Moines, tras obtener su victoria en Iowa en las primarias, que había “reivindicado” su fe en el pueblo estadounidense, lo que fue aprovechado por McCain para decir a sus seguidores que siempre tuvo fe en su país y que Estados Unidos “nunca tuvo que probarme nada”.

A tres días de la elección presidencial, Obama realizaba este sábado pasado una fuerte campaña en estados republicanos por tradición, y parecía confiado de lograr la presidencia en la histórica contienda y ser el primer estadounidense negro en ganar la candidatura a la presidencia de un importante partido político.

Entretanto, McCain se esforzaba por defender estados como Virginia, que a estas alturas de la contienda por lo general ya había asegurado su voto por el candidato republicano. McCain realizó dos eventos en Virginia antes de dirigirse a Pensilvania y luego a Nueva York, donde se iba a presentar en el programa cómico “Saturday Night Live”.

Los planes de viaje de los candidatos durante el fin de semana se habían centrado casi totalmente en los estados donde el presidente George W. Bush ganó en 2004.

“Si me dan su voto el martes, no sólo ganaremos esta elección, sino que juntos cambiaremos este país y cambiaremos al mundo”, destacó Obama el sábado en un programa semanal del Partido Demócrata, en el cual reiteró que las elecciones tienen lugar durante la peor crisis económica que haya sufrido el país desde la Gran Depresión en la década de los 30.

Obama prometió reducir impuestos a las familias, poner fin a la guerra de Irak, invertir en energía renovable y reducir los costos de salud, al tiempo que dijo “en momentos como éste hay tanto de por medio que no podemos tener cuatro años más de su propia filosofía vieja y cansada, que nos llevó a este embrollo”, alegó. Acusó además a McCain de estar demasiado ligado a Bush.

Parece tarde para McCain
La campaña de McCain afirmó que el senador de Arizona reducía la diferencia con su contrincante en los últimos días de campaña y que estaba más cerca de lo que se reflejaba en las encuestas electorales. En privado, los colaboradores de McCain dijeron que estaba detrás de Obama por 4 puntos a nivel nacional en una encuesta privada. Pero el candidato republicano podría haberse quedado corto de tiempo para revertir la tendencia.

El sábado en Newport News, Virginia, McCain advirtió que Obama tratará de subir los impuestos si es presidente, en un esfuerzo por redistribuir la riqueza. “Él se postula para ser jefe redistibuidor, yo me postulo para ser jefe de comando”, destacó McCain en medio de la aclamación de sus seguidores, hablando con voz enronquecida, mientras hacía pausas para toser.

En recientes encuestas, Obama le llevaba ventaja a McCain en Virginia, que no ha votado por un candidato presidencial desde 1964.

Una encuesta nacional tomada por Associated Press-Yahoo News ponía a Obama en la delantera con 51 a 43, con un margen de error de 3 puntos más o menos. Pero uno de cada siete votantes, un 14% del total, dijeron que estaban indecisos o que podrían cambiar de opinión.

Por otra parte, en Nueva York, según las agencias informativas, los inversores de Wall Street no verían con malos ojos un triunfo del republicano John McCain, sin embargo,
“visto el avance de Obama en los sondeos, el nombre del próximo presidente es bastante claro”, señaló Owen Fitzpatrick, del primer banco alemán Deutsche Bank.

Victoria de Obama integrada a cálculos del mercado
Según Mace Blicksilver, director del Marblehead Asset Management, “para muchos inversores, la victoria de Obama ya ha sido integrada por el mercado”, por ejemplo en el sitio web Intrade, un “mini” mercado de apuestas en internet donde se compran títulos sobre tal o cual candidato, da como vencedor a Obama en las elecciones del martes con 84,7% de seguridad, contra el 15,3% que ofrece por John McCain.

De su lado, los economistas de la firma de análisis económico IHS Global Insight calcularon que el candidato demócrata triunfaría con un 53,1% contra un 46,9% de su adversario, cosa que juzgan “poco sorprendente, vista la debilidad de la economía”.

Sam Stovall, estratega de la calificadora de riesgo Standard and Poor’s, se remite a las estadísticas: históricamente, afirma, cuando el mercado baja entre agosto y octubre previos a una elección (lo cual es el caso este año), el poder pasa de un partido a otro.

“Si Obama gana con una ventaja considerable, puedo asegurarles que el miércoles será un día muy difícil” para Wall Street, advierte Mace Blicksilver. “Los inversores saben que el impuesto a la plusvalía va a aumentar y entonces querrán vender; se van a decir: ‘No voy a pagar un tercio de impuestos más’”, agregó el analista.

Según un análisis del instituto Brookings, Obama quiere aumentar el porcentaje máximo de impuesto a la riqueza al 20%, contra 15% hasta ahora. En cambio, “si gana McCain, el mercado tendrá un alza del 10% a la apertura y continuará en verde toda la jornada”, pronosticó Blicksilver.

John McCain no obstante denunció durante su campaña “la imprudencia de Wall Street”, responsable, según él, de las dificultades de la economía estadounidense, y prometió reformar la plaza financiera.

Un análisis realizado desde Wa-shington por Emmanuel Parisse, de la agencia AFP, afirma que los demócratas del Congreso estadounidense deberían beneficiarse de una cómoda mayoría luego de las elecciones del martes, que les promete un margen de maniobra en tiempos de crisis para hacer reformas, aunque se enfrentarán a inconvenientes electorales en caso de fracaso.

Preocupación económica beneficia a demócratas
Los 435 escaños de la Cámara de representantes provistos en 2006, así como 35 de las 100 bancas en el Senado, son puestos en juego al mismo tiempo que la Casa Blanca. Como sucede en las elecciones presidenciales, la ventaja de los demócratas está relacionada con las preocupaciones de los votantes en materia económica y con la impopularidad del presidente George W. Bush y del partido republicano.

Según el sitio independiente Rothenberg Political Report, el 28 de octubre se estimó que los demócratas ganarían entre siete y nueve escaños adicionales en el Senado. Este pronóstico los acerca al número de 60 bancas, el mínimo para impedir a la oposición utilizar el método de la obstrucción sistemática o “filibusterismo”, un proceso que otorga a los senadores el derecho de bloquear o retrasar votos.

Actualmente el partido demócrata posee 49 bancas en el Senado, al igual que los republicanos. Pero dos senadores independientes votan generalmente con los demócratas. En la Cámara de representantes los demócratas podrían ganar de 27 a 33 escaños, según Rothenberg Political Report. La cámara baja cuenta actualmente con 235 demócratas y 199 republicanos.

Si el presidente electo el 4 de noviembre fuera el demócrata Barack Obama, la mayoría aplastante de los demócratas en el Congreso lo ayudaría a aprobar sus reformas, como por ejemplo la de la protección de la salud. Sin embargo, como el poder legislativo es independiente del ejecutivo, el Congreso puede oponerse al presidente, incluso si es del mismo partido político.

Si el candidato republicano John McCain ganara las elecciones tendría una oposición mucho más fuerte. El Congreso podría oponerse a él, por ejemplo, sobre el mantenimiento de las tropas estadounidenses en Irak.

La última vez que uno de los dos partidos obtuvo la mayoría de 60 escaños en el Senado fue en 1976, cuando los demócratas obtuvieron 62. Además se beneficiaron de una mayoría de dos tercios en la Cámara. Pero el presidente Jimmy Carter se encontró en varias ocasiones en conflicto con el Congreso, lo que le impidió imponer reformas que eran esperadas.