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El choque de puños de Barack Obama con un simpatizante. El lápiz labial de Sarah Palin. El plomero de John McCain. Las lagrimas de Hillary Clinton. Muchas cosas han pasado en los últimos dos años previos a las elecciones presidenciales de 2008. La duda ahora es qué cosas perdurarán y cuáles desaparecerán más rápidamente que una promesa de campaña.

Si Barack Obama se convierte en presidente, él y Michelle pronto podrían hacer el "fist-bumping" (entrechocar los puños, una costumbre bastante extendida entre deportistas y pandillas juveniles) en el pórtico de la Casa Blanca.

Y si John McCain es quien consigue la victoria, la parodia que hizo Tina Fey de Sarah Palin, la compañera de fórmula del senador por Arizona, podría convertirse "en la imagen icónica de las elecciones de 2008", dice Robert Thompson, profesor de cultura popular en la universidad Syracuse.

Muchos sucesos que parecieron tener importancia, se desvanecieron sin dejar rastro.

Hubo por ejemplo una tempestad en un vaso de agua cuando Obama hizo el comentario de que "aunque alguien ponga lápiz de labios a un cerdo, el cerdo seguirá siendo un cerdo".

La campaña de McCain denunció el comentario señalando que era una mención despectiva a Palin. De inmediato, los republicanos aprovecharon para poblar sus actos de campaña con portadores de gigantescos lápices de labios. Y Palin se mostró, al menos en una ocasión, muy ansiosa por autografiar uno de esos accesorios de utilería.

En otra ocasión, la senadora por Nueva York Hillary Rodham Clinton, rival de Obama en las primarias, quiso pulir sus credenciales bélicas narrando cómo había llegado a mediados de la década del noventa a Bosnia bajo fuego de francotiradores ... excepto que eso nunca ocurrió.

También figuró el desdén de McCain por Obama, quien consideró al candidato presidencial demócrata una celebridad más, a la altura de Britney Spears y de Paris Hilton.

Hubo un aviso de Clinton que fue repetido y parodiado hasta la saciedad. El célebre aviso de la llamada de las 3:00 de la mañana. Un ominoso locutor que parecía salido de la serie "Dimensión Desconocida" mencionaba una grave y genérica crisis en el mundo. Luego, sonaba un teléfono en una casa. El locutor informaba que eran las 3:00 de la mañana y que algo grave había ocurrido en el planeta. Y luego preguntaba: "¿Quien quiere que responda al teléfono?" De inmediato, aparecía Hillary Clinton. Pese a la hora intempestiva, estaba muy bien vestida, maquillada, con aros en las orejas y un collar de oro rodeando su garganta. Con serenidad, la precandidata anotaba algunas cosas en un cuaderno.

Son incontables los chistes que se hicieron sobre ese anuncio publicitario. Entre ellos, que Hillary Clinton está siempre de punta en blanco a las tres de la mañana, aguardando a que la llamen por teléfono para averiguar donde está su esposo Bill, un rendido admirador del sexo opuesto.

Estuvo también el casi invisible candidato a vicepresidente por los demócratas, Joe Biden, formulando comentarios de gran ingenio que pocos registraron. En cierta ocasión, al aludir a la crisis económica, dijo que en "la mesa de los comensales, el pueblo norteamericano forma parte del almuerzo". Y en otra ocasión, Biden señaló que los discursos del ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, quien por algunos fugaces instantes soñó con ser candidato presidencial republicano, constaban de "un sujeto, un verbo y de la frase 11 de septiembre".

¿Qué quedará de todo eso? Algunos creen que el discurso que pronunció Obama en marzo sobre el problema racial en Estados Unidos, perdurará. Y eso, sin importar si gana o pierde el martes 4 de noviembre.