•   Buenos Aires, Argentina  |
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  • AFP

La presidenta argentina, Cristina Kirchner, visitará al papa Francisco en el Vaticano el lunes, días después de cumplirse un año de su pontificado, y se reunirá con el presidente francés, Francois Hollande, en París, adonde asistirá a la inauguración de la Feria del Libro.

La mandataria almorzará con el sumo pontífice en la residencia de Santa Marta en otro gesto de aproximación del gobierno argentino a la jerarquía eclasiástica, con la que mantuvo roces durante el arzobispado del entonces cardenal Jorge Bergoglio en Buenos Aires.

El pedido de audiencia solicitado por Kirchner tuvo inmediata respuesta desde el Vaticano, en una muestra de la relación cordial entre ambos.

La del lunes será la segunda ocasión en la que Kirchner se reúna con el papa en el Vaticano desde la visita que la mandataria le hiciera en marzo de 2013, en la primera audiencia que Francisco concedió a un jefe de Estado.

Ambos se vieron también en Rio de Janeiro durante la Jornada Mundial de la Juventud en julio pasado.

Antes de convertirse en sumo pontífice, la relación entre el kirchnerismo y el entonces cardenal estuvo signada por los desencuentros debido al malestar que causaban en el gobierno sus homilías donde denunciaba el "escándalo de la pobreza y la corrupción" en el país sudamericano.

Desde el púlpito de la Catedral, Bergoglio fue un acérrimo crítico de las reformas que impulsó el gobierno en materia de derechos para las parejas homosexuales, como la ley de matrimonio igualitario, de identidad de género y el derecho de adopción.

Sin embargo su llegada al Vaticano abrió una nueva etapa entre ambos.

Como muestra, el Ejecutivo anunció que volverá a participar este año del solemne tedéum que cada 25 de mayo evoca la Revolución de Mayo de 1810 en la Catedral de Buenos Aires, una ceremonia que había eludido para evitar los sermones de Bergoglio.

En 2006, durante la presidencia del marido de la mandataria, el extinto presidente Néstor Kirchner (2003-2007), se decidió trasladar la ceremonia oficial a catedrales de otras ciudades, en un gesto que se leyó como un desaire.