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Unos 55 heridos y contusos dejó una violenta represión de la Policía antimotines contra un contingente de campesinos que reclamaban ayer miércoles en Asunción la destitución del Fiscal General del Estado, informó a la prensa el ministro de Interior, Rafael Filizzola.

Los ruralistas, agrupados en el llamado Frente Social y Popular, un movimiento de izquierda pro gubernamental, reunieron a un millar de labriegos en la movilización que también exigió la destitución de los miembros de la Corte Suprema de Justicia.

Los incidentes se produjeron cuando varios manifestantes intentaron rebasar la barrera policial que custodió el edificio de la Fiscalía General del Estado.

La respuesta de los agentes uniformados fue contundente, con balines de goma, gases lacrimógenos y bastonazos.

Filizzola justificó la represión al señalar que “algunas personas provocaron e instigaron a romper la barrera policial” que se tejió alrededor del edificio fiscal, dijo a periodistas.

“Voy a realizar una evaluación para saber si los antimotines actuaron con exceso o no. La gente tiene derecho a manifestarse, pero nosotros tenemos la obligación de preservar la seguridad del edificio y de las personas”, explicó.

Protesta se mantiene en Asunción
El líder campesino Luis Aguayo dijo que los manifestantes continuarán en Asunción. “No nos moveremos hasta conseguir la destitución del Fiscal General del Estado”, manifestó.

Filizzola dijo que el gobierno está de acuerdo con el cambio de las autoridades judiciales pero que también debe preservar la ley y el orden.

Tanto la Corte Suprema de Justicia como la Fiscalía y el Poder Legislativo cuentan con mayoría opositora.

El propio Fernando Lugo señaló la “necesidad” de cambiar a los magistrados.

Inclusive manifestó que si el Congreso opositor traba al Ejecutivo podría llamar “a consulta popular”, dejando entrever que estaría dispuesto a impulsar su renovación.

Los mismos dirigentes del movimiento campesino Frente Social y Popular, que según algunos analistas es un remedo del brazo de presión del gobierno, también impulsan invasiones de propiedades de “sojeros brasiguayos”, brasileños arraigados hace aproximadamente unos 40 años, exitosos plantadores de soja.