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El río Mamoré, fuente de sustento de Guayaramerín, en Bolivia, se ha vuelto en contra de sus habitantes, y casi 50,000 personas luchan por salir adelante entre el agua, el fango, las epidemias y la desesperanza del que todo lo ha perdido: casa, trabajo, cultivos y animales.

Guayaramerín, en el departamento de Beni, es uno de los lugares más castigados por las peores inundaciones que ha vivido Bolivia en décadas, y que han dejado 60 muertos y 60,000 familias damnificadas en todo el país.

Aquí centra estos días sus esfuerzos el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, PMA, que necesita con urgencia donaciones para continuar su ayuda a la población.

Pese a la situación, el Gobierno rehúsa declarar Beni zona de desastre, lo que la oposición atribuye a motivos políticos, ya que en esta región perdió las elecciones el partido de Evo Morales.

Emergencia en Brasil

El estado brasileño de Acre, situado en la Amazonía y fronterizo con Bolivia y con Perú, decretó hoy el estado de calamidad pública debido a las inundaciones.

El gobernador del estado, Tiao Viana, dijo a los periodistas que, a pesar de que lo “peor ya pasó”, la situación sigue siendo “muy grave” y las consecuencias van a notarse todavía “en las próximas semanas”.

Acre se encuentra en estado de emergencia desde el pasado 26 de febrero, cuando las lluvias provocaron que el nivel del río Madeira subiera y las aguas se desbordaran, situación que afectó la comunicación y el abastecimiento de esa región del norte del país.