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  • AFP

La huelga de trabajadores del metro de Sao Paulo amenaza con extenderse hasta la inauguración del Mundial 2014, en cinco días, mientras la presidenta Dilma Rousseff denunció una “campaña sistemática” contra su gobierno y el torneo.

La paralización –que persigue un aumento de salario del 12.2%– entró en su tercer día seguido ayer, cuando el número de usuarios es exponencialmente inferior al flujo en la semana de unos 4.5 millones.

“Mientras tenga fuerza, el movimiento va a continuar y puede que llegue hasta la Copa del Mundo”, dijo a la AFP Rogerio Malaquías, portavoz del sindicato de los “metroviarios”.

Tres de las cinco líneas del metro de esta megalópolis de 20 millones de habitantes operaban parcialmente y 34 de 65 estaciones están abiertas.

De forma “precaria”

El metro es uno de los principales medios para llegar al estadio mundialista Arena Corinthians, sede del partido inaugural Brasil-Croacia en cuatro días, por lo que la paralización supone una fuerte presión sobre las autoridades, que, sin embargo, no ceden a las demandas de los trabajadores.

Entre 90% y 95% de los 9,500 empleados –incluidos operadores de tren, seguridad y mantenimiento– apoya la huelga y que un plan de contingencia consiga operar el sistema “de forma precaria”.

“Quien opera los trenes son supervisores, jefes, funcionarios administrativos (...), es extremadamente peligroso porque no tienen el entrenamiento, abren la puerta del lugar equivocado o paran el tren mal. Eso puede causar un accidente, puede caer una persona”, explicó Malaquías.

En los terminales de bus había aún largas filas, pero lejos de la imagen del jueves y viernes pasados, en que los pasajeros se apiñaban como ganado para entrar a las unidades. La policía dispersó inclusive el viernes a golpes y con gases lacrimógenos a parte de los huelguistas.

Copa “política”

La huelga del metro es una más en una ola de paralizaciones y protestas de varios sectores, que en los últimos días aprovechan la cercanía de la Copa para hacer sus reivindicaciones y ganar visibilidad.

La presidenta Dilma Rousseff denunció el viernes pasado en la noche una “campaña sistemática” que busca debilitar la imagen de su gobierno, todo esto a falta de cuatro meses de las elecciones generales en las que buscará su reelección.

“Hoy hay una campaña sistemática contra la Copa del Mundo. Es, de hecho, no contra la Copa del Mundo, (sino) una campaña sistemática contra nosotros”, dijo la presidenta Dilma Rousseff en un acto de su Partido de los Trabajadores (PT).

Aseguró que las críticas sobre su gobierno porque ha gastado millonarias sumas de dinero en el torneo –principalmente en la construcción de estadios en ciudades sedes sin tradición de fútbol– forma parte de la “desinformación”.

La presidenta no dijo quién estaba detrás de esta campaña, pero hizo referencia a una edición de la revista conservadora “Veja”, en 2011, en la que sugería sarcásticamente que los 12 estadios no estarían listos en décadas.

Rousseff, una exguerrillera presa y torturada en la dictadura militar (1964-1985), pidió además que “no confundamos la Copa del Mundo con la política”.

La mandataria ha insistido en que el dinero público invertido se traducirá en un importante legado de aeropuertos e infraestructura urbana que beneficiará a Brasil en los próximos años.

Pero muchos de los proyectos prometidos, entre ellos sistemas de trenes y nuevas carreteras, se han quedado en el papel, mientras que cuatro de los 12 estadios aún no fueron terminados en su totalidad, incluido el de Sao Paulo.

La popularidad de Rousseff cayó a 34% en junio –de 37% en abril– según una encuesta desvelada esta semana.

 

"Hoy hay una campaña sistemática contra la Copa del Mundo. Es, de hecho, no contra la Copa del Mundo, (sino) una campaña sistemática contra nosotros".

Dilma Rousseff,

presidente de presidenta de Brasil.

 

9,500 empleados entre operadores de tren, seguridad y mantenimiento tiene el metro de Brasil

 

95 Por ciento de ellos apoya la huelga que persigue un aumento de salario del 12.2%.

 

Los afectados

Mientras hacían una larga fila para tomar el bus, los usuarios solo tenían críticas para el movimiento y los políticos.

“Deberían parar esa huelga, (a quien) está perjudicando es a los trabajadores”, dijo a la AFP Ademar Francisco do Santo, un portero de 31 años que vestía la camiseta amarilla de la ‘Seleçao’ brasileña.

Carlos Alberto Torres (63), que trabajó como administrador del Pan de Azúcar de Río de Janeiro, uno de los principales atractivos turísticos del país, estimó que la huelga era política.

“No es la Copa la que daña el país. Ha sido así desde que Don Pedro llegó”, lanzó refiriéndose al portugués Pedro Alvares Cabral, que descubrió Brasil en 1500. “Alguien siempre está robando el país”, siguió. La justicia brasileña juzgará hoy la legalidad de la huelga.