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  • AFP

El mensaje crítico de seis sacerdotes jesuitas asesinados junto a dos mujeres por el ejército en 1989 sigue vigente en El Salvador, donde predomina la exclusión social y la falta de empleos dignos, afirma un análisis universitario al conmemorarse los homicidios.

"Su vida (la de los sacerdotes asesinados) sigue inspirando a muchos, su mensaje continúa vigente, su ejemplo invita a pensar críticamente", aseguró el rector de la Universidad Centroamericana (UCA), José María Tojeira, en un análisis titulado "De nuevo los mártires".

"Les recordamos especialmente como personas que lucharon para que no hubiera excluidos", dijo Tojeira, al conmemorarse el próximo domingo el 19 aniversario del asesinato de los sacerdotes, que conmovió a la comunidad internacional por su grado de salvajismo.

"La humanidad es una, y nadie puede ser excluido de la misma. Bajar de sus cruces a los crucificados de la historia, en frase feliz de Ignacio Ellacuría (uno de los sacerdotes asesinados), es luchar por la inclusión en el modo de vida humano que la igual dignidad de las personas exige", subraya el análisis.

Hace 19 años, los sacerdotes eran duros críticos de la guerra civil que desangraba a El Salvador, cuestionaban la pobreza y las estructuras socioeconómicas que "marginaban y excluían".

Para el rector de la UCA, actualmente "siguen estando excluidos del trabajo digno el 80% de los salvadoreños, con todo lo que comporta de débiles redes de protección social, subempleo y generación de ambientes de violencia".

El Salvador, de 5,8 millones de habitantes, sufre un promedio de ocho homicidios diarios generados por la violencia atribuida a la delincuencia y pandillas.

La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en el marco de la mayor ofensiva de la guerrilla izquierdista, militares del ahora proscrito batallón Atlacatl asesinaron a los sacerdotes hispano-salvadoreños Ignacio Ellacuría, rector de la UCA, e Ignacio Martín Baró, vicerrector.

También fueron asesinados los sacerdotes Segundo Montes, Amando López y Juan Ramón Moreno (todos ellos españoles) y Joaquín López (salvadoreño), así como la empleada doméstica Elba Ramos y su hija Celina.

Ante la presión de la comunidad internacional, fueron juzgados nueve militares, entre ellos el director de la Escuela Militar de San Salvador, coronel Guillermo Alfredo Benavides, culpado de todos los crímenes y condenado a 30 años de cárcel. El oficial fue liberado en 1993, tras promulgarse una ley de amnistía dictada tras el fin de la guerra civil (1980-1992).

Los actos de homenaje a los sacerdotes "mártires" incluirán el sábado una procesión de "farolitos", una misa y una vigilia en el campus de la UCA, cerrando el domingo con una misa en la cripta de la catedral de San Salvador.