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  • AFP

Felipe VI llamó el jueves en su discurso de proclamación como rey, a impulsar “con generosidad” el “inmenso valor” de los vínculos que unen a España con América Latina.

“Con los países iberoamericanos nos unen la historia y lazos muy intensos de afecto y hermandad” y “en las últimas décadas, también nos unen intereses económicos crecientes y visiones cada vez más cercanas sobre lo global”, señaló el nuevo monarca, que accedió al trono tras la abdicación de su padre, el rey Juan Carlos.

“Pero sobre todo, nos une nuestra lengua y nuestra cultura compartidas. Un activo de un inmenso valor que debemos potenciar con determinación y generosidad”, recalcó.

El acercamiento

Felipe VI se sitúa así en la continuidad de la labor de Juan Carlos, que se empeñó durante su reinado en acercar a España a sus ex colonias.

Una de sus principales iniciativas fue la instauración a partir de 1991 de las Cumbres Iberoamericanas.

El rey abogó por una España unida y una monarquía “íntegra y transparente”, al asumir este jueves una corona desprestigiada por los escándalos y convertirse en rey de un país enfrentado al desafío nacionalista en Cataluña y el País Vasco.

Vestido con uniforme de gala militar y luciendo el fajín de capitán general de los ejércitos, que poco antes le había traspasado su padre Juan Carlos I, el nuevo monarca, de 46 años, juró “guardar y hacer guardar la Constitución” que en 1978 devolvió la democracia a España.

Homenaje a su padre

En sus primeras palabras, pronunciadas junto a un cojín sobre el que reposaban la corona y el cetro, rindió homenaje a su padre, que abdicó a los 76 años, por su papel en la “reconciliación” del país tras la muerte del dictador Francisco Franco (1939-1975).

Pero lo más esperado de un discurso pronunciado ante diputados y senadores reunidos en el Congreso, en ausencia de Juan Carlos --que quiso dejar el “protagonismo” a su hijo--, fue la visión del nuevo rey ante los grandes retos que le esperan.

Tenemos “fe en la unidad de España, de la que la corona es símbolo”, afirmó, en referencia al desafío de Cataluña, región determinada a celebrar el 9 de noviembre un referendo de independencia calificado de “ilegal” por Madrid.

Puentes de entendimiento

Llamando a que “no se rompan nunca los puentes del entendimiento”, expresó su defensa de la “diversidad” del país y terminó su discurso dando las gracias en español, gallego, catalán y euskera, el idioma del País Vasco, donde el independentismo recobra también fuerza.

También “deseamos una España en la que todos los ciudadanos recuperen la confianza en sus instituciones”, afirmó, prometiendo una monarquía “íntegra y transparente” tras los escándalos que golpearon a la familia real y hundieron la popularidad de Juan Carlos.

A la ceremonia, a la que no fueron invitados jefes de Estado extranjeros ni representantes de otras familias reales, no asistieron la hermana menor del nuevo rey, la infanta Cristina, ni el esposo de esta, Iñaki Urdangarin, ambos imputados en un caso de presunta corrupción.

“¡Felipe! ¡Felipe!”

Acompañado por la reina Letizia, muy elegante en un sobrio vestido blanco ornado de pedrería, y por sus hijas, Leonor, la nueva heredera al trono, de 8 años, y Sofía, de 7 años, Felipe VI había entrado al Congreso por la Puerta de los Leones, abierta en muy raras ocasiones, cubierta por un dosel rojo y oro con el escudo de la España constitucional.

Tras las niñas, vestidas de rosa y verde y algo desconcertadas por tanta atención, seguía el jefe del gobierno, el conservador Mariano Rajoy, con traje de chaqué.

“¡Felipe! ¡Felipe!”, gritaban las miles de personas reunidas para ver llegar a la pareja real a bordo de un Rolls-Royce cubierto, con fuerte escolta policial.