Jorge Eduardo Arellano
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afp / BOGOTA

El cierre de varias “pirámides financieras” que prometían rendimientos jugosos provocó reacciones de desespero de miles de ahorradores y disturbios en diez ciudades de Colombia, como reflejo de una estafa que creció descontroladamente pese a las advertencias de autoridades.

En la ciudad de Popayán (650 km al suroeste) se registraron choques entre la policía y unos 2,000 clientes que se agolpaban ante la sede de una de las captadoras irregulares de dinero. Los uniformados lanzaron gases lacrimógenos.

La Policía también tuvo que intervenir en las oficinas de otras “pirámides” en las ciudades de Pereira, Armenia, Tuluá, Buga, Santander de Quilichao, El Cerrito, Candelaria, Buenaventura y Pasto, en el oeste del país.

El ministro del Interior, Fabio Valencia, calificó la situación como una estafa masiva, aunque señaló que no hay una cifra precisa de afectados.

“La verdad es que ahí ha habido ineficacia y lentitud por parte del Estado en acometer una acción eficaz”, reconoció Valencia, quien pidió la rápida intervención de los organismos judiciales y de control financiero. “Se trata de una defraudación muy grande”, advirtió.


Lavado y narcotráfico
El gobierno sospecha que detrás de las “pirámides” se esconden mecanismos de lavado de dinero del narcotráfico. El viernes, el Ministerio de Hacienda pidió a la Fiscalía investigar a 1,302 entidades que han realizado transacciones sospechosas por 4,390 millones de dólares.

El esquema utilizado ofrece rentabilidades de hasta 200% mensual a los inversionistas, supuestamente gracias a operaciones de compra de saldos de mercancías de China y la venta de divisas extranjeras y acciones.

Generalmente las empresas pagan un anticipo de los intereses y prometen aumentar el rendimiento en la medida que los ahorradores llevan a otros clientes. Pero en esta semana al menos una decena de esas entidades cerró sus puertas y sus promotores huyeron.

Este miércoles en Pereira (360 km al oeste de Bogotá) la Policía se incautó de 5,000 millones de pesos (2 millones de dólares) en una sucursal de una de estas empresas. El dinero había sido captado en los tres últimos días.

En algunos casos los promotores, conscientes de la estafa, escribieron textos insultantes antes de darse a la fuga. “Pastusos giles (tontos), nos fuimos, gracias por creer”, rezaba un texto colocado en una oficina de una “pirámide” en Pasto (960 km al sur de Bogotá).

El fenómeno ya había tenido una primera oleada al comenzar el año, cuando quebraron varias empresas similares. El gobierno emitió entonces una advertencia sobre el riesgo de entregar dinero a entidades no autorizadas.

Hernando Ruiz, Superintendente de Sociedades, reconoció que los mecanismos legales “para controlar el fenómeno son limitados”. En muchos casos las empresas sancionadas interponen apelaciones que se prolongan varios meses y les dan a los promotores el tiempo justo para huir.

La portavoz en el Congreso del opositor partido Liberal, Cecilia López, economista de profesión, dijo a la AFP que el fenómeno se ha convertido en “una bomba social” que recuerda lo ocurrido en Albania en 1997, donde las pirámides quebraron la economía.