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  • EFE

Más de 50 lujosas residencias del poblado de Allende, en el norteño estado de Coahuila, serán demolidas después de que fueran parcialmente destruidas por Los Zetas en una de las peores masacres de México, cuya magnitud apenas está saliendo a la luz.

“La destrucción de las casas fue ordenada por Protección Civil del estado, debido que representan un peligro”, dijo a Efe Luis Reynaldo Garza, alcalde de esa localidad de unos 22,000 habitantes ubicada 57 kilómetros al sur de la frontera con Estados Unidos.

Garza mencionó que en total son 50 casas en la zona urbana y cuatro más ubicadas en ranchos que serán destruidas, porque ante su abandono eran “utilizadas como hoteles por parejitas”.

Destacó que las residencias también están provocando una mala fama para Allende, ya que ahora se registra una gran afluencia de visitantes que realizan “un narcotour” por las casas.

El alcalde comentó que esas viviendas representan un monumento al horror que vivió Allende a principios de 2011, cuando unas 40 camionetas con sicarios del cártel de Los Zetas llegaron al poblado para desaparecer a unas 300 personas.

En secreto

La tragedia, que por mucho tiempo se mantuvo en secreto, comenzó a trascender a principios de este año, cuando las autoridades ordenaron un gran operativo de fuerzas federales y estatales para localizar los restos de los desaparecidos. Pobladores, policías y militares que solicitaron el anonimato contaron a Efe cómo y por qué ocurrió la tragedia. Los entrevistados explicaron que Héctor Moreno Villanueva y José Luis Garza Gaytán eran miembros de familias ricas del pueblo que salieron de Allende para estudiar en prestigiadas escuelas privadas de la ciudad de Monterrey, pero a su regreso se dedicaron al narcotráfico.

Estuvieron operando con Los Zetas desde 2007, pasando 800 kilos de cocaína por mes a EE.UU. por la frontera de Piedras Negras, ciudad vecina de Eagle Pass, Texas, mediante una de las empresas de transporte de carga de la familia Moreno Villanueva.

El trasiego generaba una ganancia promedio de cinco millones de dólares mensuales, que eran enviados a la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, al líder zeta Miguel Ángel Treviño Morales, alias el Z40.

En febrero de 2011, Moreno y Garza traicionaron al capo informando a la Agencia Antidrogas de Estados Unidos sobre el tráfico de droga y huyeron con poco menos de cinco millones de dólares.

 

Un grupo de sicarios cerró los accesos por carretera, mientras el resto masacraba a mujeres, ancianos y niños