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Doce víctimas del conflicto armado colombiano, que claman justicia desde hace años, comenzaron ayer a entregar por primera vez sus testimonios ante delegados del gobierno y de la guerrilla, dando inicio a la etapa más dramática y compleja de las negociaciones de paz de La Habana.

“Es un paso de inmensa transcendencia que nunca se había dado”, destacó en la víspera el presidente colombiano, Juan Manuel Santos (centro-derecha), quien sentó en la mesa de negociaciones en noviembre de 2012 a las comunistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, la mayor guerrilla de ese país.

Las primeras 12 víctimas empezaron a hablar en una sesión a puertas cerradas en un salón de El Laguito, un complejo residencial para hospedar a dignatarios extranjeros en La Habana.

“Los primeros en hablar fueron los jefes de las delegaciones” del gobierno, Humberto de la Calle, y de la guerrilla comunista de las FARC, Iván Márquez, y a continuación las víctimas, dijo una fuente oficial a la AFP.

La reparación de las víctimas es el cuarto de los seis puntos de la agenda de paz y uno de los más complejos, debido a que ambas partes se culpan mutuamente por la violencia armada, que ha dejado en medio siglo 220,000 muertos y más de cinco millones de desplazados, según cifras oficiales.

Las dos delegaciones de paz ya consensuaron los tres primeros temas de la agenda.

Entre las 12 víctimas, las primeras de las 60 que darán su testimonio ante los negociadores que intentan acabar el último conflicto armado en América Latina, figuran personas que perdieron a sus seres queridos en algunas de las peores matanzas que estremecieron a Colombia en las últimas décadas.

Algunos estuvieron por primera vez cara a cara con dirigentes de sus victimarios este sábado en La Habana.

Testimonios

Entre los afectados figura Leyner Palacios, líder de los familiares de los muertos en la denominada “masacre de Bojayá”, en 2002, dijo el comité encargado de seleccionar a las víctimas, conformado por la oficina de la ONU en Colombia y la Universidad Nacional, con acompañamiento de los obispos católicos.

En Bojayá (oeste) “murieron 79 personas que se encontraban refugiadas en una iglesia. Allí, las FARC lanzaron un cilindro bomba en medio de un enfrentamiento con un grupo paramilitar”, indicó el comité en un comunicado.

También figura Luz Marina Bernal, cuyo hijo de 26 años con discapacidad mental, Fair Leonardo Porras Bernal --a quien ella llama cariñosamente “Soacha”-- fue secuestrado y asesinado en 2008 por militares, que lo hicieron pasar por un guerrillero abatido en combate, en uno de los casos conocidos como “falsos positivos”.

Otro convocado fue José Antequera, cuyo padre del mismo nombre era un abogado y político comunista que fue asesinado en el aeropuerto El Dorado, de Bogotá, en 1989, en un crimen atribuido al cartel de narcotraficantes que dirigía el hoy difunto Pablo Escobar.

Como víctimas de los paramilitares viajó a La Habana Débora Barros, una indígena que perdió a cinco mujeres de su familia en la “masacre de Bahía Portete” (noreste) en 2004; y Jaime Peña, “padre de uno de los 32 jóvenes desaparecidos y asesinados en Barrancabermeja” (noreste) en 1998.

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