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El canciller brasileño, Celso Amorim, reclamó a los países ricos que abran sus mercados a la industria bioenergética de los países pobres, al inaugurar el jueves la reunión ministerial de la Conferencia Internacional sobre Biocombustibles que comenzó el lunes en Sao Paulo.

"Para que los biocombustibles sean una opción viable a los países más pobres, es fundamental que se abran los mercados para su efectiva comercialización", expresó Amorim ante representantes de cerca de una centena de países.

Argumentó que "para ello es necesario y urgente que los países ricos se dispongan a eliminar los dos mayores obstáculos al sector: la práctica de subsidios agrícolas billonarios y la imposición de barreras comerciales prohibitivas, arancelarias y no arancelarias".

La conferencia tuvo tres días de discusiones técnicas y a partir de este jueves tendrá dos jornadas de debate a nivel ministerial.

En momentos de crisis financiera "es indispensable no perder de vista la economía real" y "para hablar de crecimiento económico, inversiones productivas y generación de empleo, iniciar un debate sobre bicombustibles es particularente oportuno", enfatizó Amorim.

Producidos en forma sostenible, según el canciller, "los bicombustibles representan parte de la solución para enfrentar tres grandes desafíos de la actualidad: la seguridad energética, el cambio del clima, y el combate el hambre y a la pobreza".

La sucesión de debates "marcados muchas veces por desinformación y distorsiones, nos inspiró a promover una discusión más amplia" a la prevista originalmente que se basaría en "aspectos técnicos y de mercado (...) tales como innovación y padronización", aseguró.

Existe en América Latina y el Caribe, Africa y Asia "un fuerte interés en proyectos de cooperación en biocombustibles", consideró Amorim. Brasil "está pronto a cooperar con esos países tranfiriéndoles su tecnología", puntualizó.

Representantes de 13 organismos multilaterales participantes de la Conferencia sobre Biocombustibles recomendaron, en tanto, "más coordinación" mundial y "un mandato internacional claro e inéquivoco" en el ámbito de Naciones Unidas.

La comisión sobre Seguridad Energética concluyó este jueves que "los biocombustibles pueden desempeñar un papel relevante en la diversificación de la matriz energética y contribuir al aumento de la seguridad energética (mundial)".

Brasil, segundo fabricante mundial de bioetanol (alcohol que extrae de la caña de azúcar) detrás de Estados Unidos (que lo hace a partir del maíz), produjo 18.000 millones de litros de este biocombustible y exportó 3.530 millones de litros en 2007.

La producción mundial de etanol crecerá 191%, de 55.700 millones de litros fabricados en 2007 a 162.000 millones en 2015, según un estudio presentado por la FAO, la Cepal y el estatal banco de fomento brasileño BNDES.

El estudio aseguró que la oferta de bioenergía podrá cuadruplicarse hasta el año 2050 sin afectar la producción de alimentos. Un frente internacional de movimientos sociales cuestionó ese documento y alertó que la caña de azúcar desplazó en Brasil a plantaciones de maíz, café, frutas y frijoles.

Amorim, por su parte, anotó como "una ironía" que en el debate sobre biocombustibles y seguridad alimentaria no se mencione "que los países más afectados por crisis alimentarias jamás produjeron una gota de biocombustible".

La Pastoral de la Tierra de la Iglesia Católica, en tanto, denunció que más de 6.700 trabajadores fueron liberados de condiciones de esclavitud entre 2003 y 2008 en cañaverales destinados a producir azúcar y etanol en Brasil.