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  • AFP

Escocia no va a ser independiente, pero sí tendrá una mayor autonomía, obedeciendo a la promesa del primer ministro británico, David Cameron, que también concederá nuevas competencias a Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte.

200914 escocia

La “Devo max”, que es como se conoce a esta transferencia de mayores poderes, no figuraba el jueves como opción en la papeleta del referéndum de independencia.

Y, sin embargo, es lo que prometieron a Escocia los tres principales partidos políticos del Reino Unido, en caso de triunfar el “no” a la secesión.

Un 55.3% de los escoceses votó en contra de independizarse del Reino Unido y un 44.7% a favor, según los resultados definitivos y oficiales del referéndum de independencia. El “no” logró 2,001,926 votos y el “sí”, 1,617,989, con una tasa récord de participación del 84.59% de los 4.3 millones de electores registrados.

Tras reconocer su derrota, el primer ministro escocés y líder de la campaña independentista, Alex Salmond, se apresuró a recordar los compromisos tomados por Cameron.

La reina Isabel II de Inglaterra llamó a la unidad de los británicos tras el referéndum de independencia de Escocia.

“No tengo duda de que los escoceses, como otros en el Reino Unido, son capaces de expresar convicciones férreas antes de unirse con un espíritu de respeto mutuo y apoyo”, dijo la monarca en un comunicado.

Cambio de gobernanza

Cameron respondió a este mensaje. “Vamos a honrar ese compromiso”, dijo el primer ministro conservador, quien prometió que esta política descentralizadora beneficiará también a las otras tres naciones del Reino Unido: Gales, Irlanda del Norte e Inglaterra. Tras declarar el lunes “la muerte del statu quo” en el Reino Unido, se espera que Cameron detalle una revisión de la gobernanza local.

Los analistas dicen que Londres necesita efectivamente entregar a Salmond el control total de la política escocesa para evitar la convocatoria de nuevas consultas independentistas.

Las negociaciones comenzarán ahora entre los conservadores, los liberal-demócratas y los laboristas para otorgar mayores competencias al parlamento escocés.

Control de impuestos

En noviembre, se espera que las autoridades británicas empiecen a esbozar los nuevos poderes, entre ellos un posible mayor control sobre los impuestos. Los proyectos de ley sobre descentralización podrían estar listos antes de enero.

Este rápido calendario se acordó cuando el ex primer ministro británico, el laborista Gordon Brown, entró en el debate tras el sondeo 10 días antes de la votación que otorgaba al “sí” la primera posición. Brown prometió entonces a Escocia “una forma moderna de autonomía”.

 

“No tengo duda de que los escoceses, como otros en el Reino Unido, son capaces de expresar convicciones férreas antes de unirse con un espíritu de respeto mutuo y apoyo”.

Isabel II, Reina de Inglaterra.

 

Dimite primer ministro de Escocia, pero asegura un lugar en la historia

ESFUERZO• Alex Salmond, orondo y de rostro engañosamente afable, colocó a Escocia muy cerca de la independencia, pero rozar el sueño acabó con su carrera.

Este exfuncionario y execonomista del Royal Bank of Scotland, de 59 años, dimitió este viernes como jefe de gobierno regional escocés, al día siguiente de un referéndum de independencia, impensable hace solo una década, que perdió.

“Creo que al partido, al parlamento y al país les vendrá bien un nuevo liderazgo”, dijo, añadiendo que ha sido “el privilegio de mi vida” desempeñar el papel de jefe del gobierno regional escocés.

El separatista que sacudió Londres e hizo soñar a los nacionalistas de todo el mundo hablaba siempre enfáticamente de su proyecto para su nación de 5.3 millones de personas, un futuro lejos de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, lejos del Reino Unido.

Tenía la intención de “liberar a los escoceses” de tres siglos de unión; romper “las cadenas” que unen Edimburgo a Westminster, el parlamento británico en el que tuvo un escaño desde 1987 hasta 2010; presidir “uno de los pequeños países más ricos del mundo”. Un país al modo socialdemócrata escandinavo, miembro de la UE y la OTAN, pero sin armas nucleares. Rico como Noruega y Suiza, gracias al oro negro del petróleo del Mar del Norte y al oro ámbar, el whisky.

Frente a los unionistas —que ayer se burlaban de su sueño y hasta hoy le temieron—, pregonaba: “nuestra hora ha llegado, nada puede detenernos”.

Sus partidarios elogiaban su determinación y habilidad política. Sus opositores lo consideraban arrogante, misógino, con una propensión a la grandilocuencia.

Sin embargo, los medios de comunicación británicos, a los que a menudo exasperó, coincidieron en ver en él uno de los políticos más talentosos de su generación.

Nacido en el último día de 1954 en un barrio de clase obrera de Linlithgow, cerca de Edimburgo, Alexander Elliot Anderson Salmond es un producto local puro, como demuestran su acento y su licenciatura, en economía e historia medieval de la prestigiosa Universidad de Saint Andrews.