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  • AFP

Los presidentes de Honduras y El Salvador utilizaron la tribuna de la Asamblea General de la ONU para pedir "apoyo" a la comunidad internacional en la crisis de los niños migrantes, recordando a Estados Unidos la "responsabilidad compartida" ante este fenómeno.

"Hago un llamado a la comunidad internacional a brindarnos el apoyo para superar la situación generada ante el incremento del flujo de niños y niñas migrantes no acompañados que viajan hacia Estados Unidos", dijo el viernes el mandatario salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, en un discurso en Nueva York.

"Es necesario que el sistema de Naciones Unidas, incluyendo a la Asamblea General, asuma un papel creciente en el tema migratorio y que reconozca la movilidad humana como un factor relevante en los esfuerzos de la organización", agregó el mandatario.

Según cifras de Washington, 61.581 niños entraron clandestinamente a Estados Unidos desde octubre, en su mayoría procedentes de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Las autoridades estadounidenses detuvieron a más de 10.500 niños solo en mayo y junio, pero esta cifra cayó a la mitad en julio y volvió a disminuir en agosto.

En ese sentido, el presidente reiteró la demanda centroamericana de un "enfoque integral" para tratar un "fenómeno multicausal".

"Debemos actuar con un enfoque integral que brinde la protección de los derechos de nuestros niños y niñas, que garantice el respeto al debido proceso y el apoyo para la reunificación con sus padres", indicó.

Los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador han pedido a Washington una especie de "plan Colombia" o "un mini plan Marshall", en referencia al esfuerzo estadounidense para incentivar la recuperación de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, que ayude a la región a evitar las migraciones masivas.

Ese plan iría enfocado en promover el empleo y combatir la pobreza y el narcotráfico, del que acusan en parte a Estados Unidos por ser el mayor consumidor de las drogas que pasan por la región.

"Guerra que no es nuestra"

El discurso de Sánchez Cerén tuvo lugar dos días después del de su homólogo hondureño, Juan Orlando Hernández, quien señaló que la cuestión de los niños migrantes "es una responsabilidad compartida" por los países involucrados.

"Ante el escaso interés que muestran por resolver el problema que nos han creado, es necesario insistir en este tema", denunció Hernández, afirmando que su país es "uno de los principales campos de batalla de una guerra que no es nuestra".

"Es una guerra que no iniciamos, cuyas estrategias se deciden fuera de Honduras y que involucra a los países consumidores de droga, en el norte, y a los productores de droga, en el sur", sostuvo.

En esa guerra, dijo, Honduras se limita a poner "el campo de batalla y los muertos".

La violencia del narcotráfico, que también tiene a Estados Unidos como objetivo, es una de las causas fundamentales del masivo éxodo de hondureños, sostuvo.

Hernández también dijo que es necesario desarrollar oportunidades económicas para los hondureños y los centroamericanos en general y para ello resaltó que era esencial que Estados Unidos ofrezca condiciones favorables para la región en el intercambio comercial.

En ese sentido, el mandatario pidió que "Honduras y Centroamérica reciban el mismo trato comercial que reciben los países de Asia".

Ofrecer a otros países preferencias arancelarias y reglas de origen que no se aplican a Centroamérica implicará la pérdida de miles de empleos "provocando que más niños y niñas se vengan de este lado de la frontera ilegalmente", advirtió.

Otto Pérez, presidente de Guatemala, el tercer país de América Central involucrado en la crisis migratoria, desistió de viajar a Nueva York. El canciller Carlos Morales tenía previsto hablar en su lugar el viernes a última hora.