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  • AFP

El papa Francisco tachó este domingo el abandono de las personas mayores como "una eutanasia disimulada", durante una jornada de homenaje a los ancianos a la que acudió Benedicto XVI.

El papa emérito, de 87 años, que no había aparecido en público desde las canonizaciones de Juan XXIII y Juan Pablo II en abril, llegó sonriente ayudándose de un bastón, y fue calurosamente recibido por su sucesor.

En una soleada plaza de San Pedro en la que se habían reunido miles de ancianos --algunos muy mayores--, Benedicto XVI y Franciso se sentaron un poco separados para escuchar los testimonios de los asistentes sobre sus angustias y sus dificultades, pero también sobre las alegrías que da la tercera edad.

El papa emérito no participó, sin embargo, en la misa celebrada por un centenar de curas de avanzada edad.

Francisco dijo que estaba feliz de ver a Benedicto XVI en el Vaticano: "Es como tener a un sabio abuelo en casa".

A pesar de las dificultades vinculadas a la edad, los ancianos pueden ser "árboles que siguen dando sus frutos", consideró Bergoglio.

Para ello, expresó su deseo de que quienes no tienen familia sean acogidos en residencias de ancianos que "no sean prisiones", sino "pulmones de humanidad en una ciudad, un barrio, una parroquia".

"Un pueblo que no trata bien a sus ancianos es un pueblo sin futuro (...), porque pierde la memoria", consideró el papa.

"¡Cuántas veces dejamos a las personas mayores en un abandono que no es ni más ni menos que una eutanasia disimulada! Es el efecto de la cultura del desecho que tanto mal hace a nuestro mundo", insistió.

"Descartamos a los niños, descartamos a los jóvenes porque no tienen trabajo, y descartamos a los ancianos con la excusa de mantener un sistema económico 'equilibrado', en cuyo centro no colocamos a la persona humana, sino al dinero", añadió.

Francisco se ha reunido en varias ocasiones con familias y con jóvenes, pero esta era la primera vez que lo hacía con los ancianos, y aprovechó la ocasión para destacar su importancia en la sociedad, cuando queda una semana para un sínodo que reunirá a los obispos para tratar la cuestión de la familia.