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Los ritmos folclóricos de una banda andina dieron inicio este domingo al festejo popular en la ciudad de Oruro, donde el oficialismo aprobó en la Asamblea Constituyente la nueva Carta Magna, mientras que una indignada oposición se prepara para protestar.
Los sones de la música rompieron el silencio de la puna donde está enclavado el Centro de Convenciones, de la Universidad Técnica de Oruro, adonde el foro huyó de la violencia de Sucre, su sede legal, convertida hace dos semanas en un campo de batalla entre oficialistas y opositores cuando se aprobó en primera instancia la nueva carta, con el saldo de tres civiles muertos.
Ante la sorpresa de todos se habilitó un sencillo salón para una maratónica sesión de más de 15 horas, que se cerró con la entonación del himno patrio, cantado a viva voz y con lágrimas en los ojos por los asambleístas, en su mayoría del oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) y entre ellos muchos campesinos e indígenas, sustento del presidente Evo Morales.
“Nació el Sol para nosotros después de 500 años de oscuridad y queremos que ahora nuestra luz ilumine a nuestros hijos”, señaló orgullosa Esperanza Huanca, una humilde campesina asambleísta del norte de Potosí (sur), ataviada con su vestimenta multicolor quechua, típica de esa región, una de las más pobres de Bolivia.
Su actitud resume el sentimiento de miles de bolivianos, sobre todo de los valles y estribaciones de la cordillera andina, donde el desarrollo aún no ha tocado sus puertas.
La propia presidenta de la Asamblea Constituyente, la indígena quechua Silvia Lazarte, no pudo contener sus lágrimas al clausurar la sesión, tras muchas críticas a su condición social y a su carencia de formación universitaria.
Lazarte fue la abanderada del presidente izquierdista en la Asamblea Constituyente, para impulsar una reforma legal de corte indígena y estatista y para cumplir el anhelo de justicia, largamente perseguido por las clases sociales más pobres del país.
La política gubernamental y las reformas a la ley fundamental son resistidas por los empresarios y latifundistas de los llanos del este de Bolivia, representados por los gobernadores y comités civiles de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, que llevan adelante una huelga de hambre y han convocado a una resistencia civil en contra del gobierno.
Los opositores acusan al jefe de Estado de gobernar sólo para la región andina y no para todo el país y de imponer una nueva Carta Magna sin consenso entre todos los bolivianos.
También al vicepresidente del cónclave, el intelectual de izquierda Roberto Aguilar, se le hizo un nudo en la garganta en su discurso final y no atinó más que abrazar a Lazarte, de quien fue su brazo derecho y el operador político más importante en el foro.
Aguilar congratuló a la mujer indígena, aguerrida y de fuerte carácter, por su valor y perseverancia frente a los insultos recibidos por su condición étnica.
En las afueras del edificio donde se instaló el foro, miles de campesinos, mineros, indígenas y gremiales daban rienda suelta a su euforia al son de la tradicional banda Imperial de Oruro --de la que el presidente indígena fue parte como trompetista en su juventud-- que interpretaba aires nacionales.
Los festejos se replicaron, según radioemisoras locales, en casi todas las ciudades andinas, panorama muy diferente del de los ubérrimos llanos orientales, donde los cuatro departamentos, de los nueve que tiene Bolivia, encabezan un movimiento opositor a la política gubernamental de Morales, afectados por los cambios que provocará la nueva Carta Magna, en un próximo referendo nacional.
Consciente de esta posibilidad, Lazarte llamó a sus constituyentes a no dormirse y a seguir trabajando, porque “la verdadera batalla se librará en las urnas”.