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  • AFP y EFE

Acabada su polémica gira por las cumbres de APEC y G20, Enrique Peña Nieto regresó anoche a un México sacudido políticamente por la crisis de los 43 desaparecidos, el brutal crimen que puso en duda su capacidad para pacificar el país.

“Hay una crisis política, hay mucha indignación, muchas movilizaciones (...) Puede ser una crisis pasajera o empezar un declive de su gobierno”, dice a la AFP el analista político José Antonio Crespo.

Los ataques contra los 43 estudiantes posiblemente masacrados en septiembre en Iguala (Guerrero, sur) “volvieron a explotar la crisis de seguridad que ya viene de hace muchos años, pero que tuvimos la esperanza de que iba a mejorar”, expone.

Peña Nieto asumió la presidencia en 2012 con el compromiso de reducir la violencia disparada desde que su antecesor Felipe Calderón desplegó en 2006 al Ejército contra el narcotráfico ante la corrupción y debilidad de las policías.

Escándalo

Peña Nieto defiende que los homicidios vienen bajando sensiblemente en el país. Pero el crimen de Iguala, con policías aliándose con un cártel narcotraficante para acribillar a estudiantes, ha escandalizado incluso fuera de las fronteras del país y puesto en duda la capacidad de las autoridades.

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“No se ve claro cómo se puede resolver esta situación. El Estado no tiene los instrumentos adecuados, están todos podridos por la corrupción, por la ineficacia”, expone Crespo, académico del prestigioso Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Los críticos de Peña Nieto le reprochan haber mantenido la estrategia militar de Calderón, una falta de compromiso contra la impunidad de la inmensa mayoría de los crímenes y poca sensibilidad con las víctimas.

“Peña Nieto no hizo grandes cambios, pero tampoco hay mucho margen de maniobra. ¿Abandonar la guerra contra el narcotráfico y dejar que los narcotraficantes hagan todo lo que quieran solo para cambiar de estrategia? Eso no es viable”, matiza Raúl Benítez Manaut, experto en seguridad de la pública Universidad Nacional Autónoma de México.