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Estados Unidos autorizó al espía cubano Gerardo Hernández, que cumplía condena en California hasta que fue liberado la semana pasada, a enviar esperma a su mujer, Adriana Pérez, para que fuera inseminada artificialmente, según confirmó hoy a Efe un portavoz del Departamento de Justicia.

"Podemos confirmar que Estados Unidos facilitó la petición de la señora Hernández para tener un bebé con su marido", detalló un portavoz del Departamento de Justicia en un comunicado enviado a Efe.

Según el portavoz, la petición fue transmitida al Gobierno del presidente Barack Obama por el senador demócrata Patrick Leahy, quien estuvo trabajando también para tratar "de mejorar las condiciones" del contratista estadounidense Alan Gross mientras éste cumplió condena en La Habana por actividades subversivas.

La facilitación de esa inseminación se produjo en el marco del acuerdo histórico anunciado la semana pasada por Obama y el presidente de Cuba, Raúl Castro, para iniciar una normalización de las relaciones diplomáticas bilaterales, rotas desde 1961.

Ese acuerdo incluyó también la liberación de Hernández y de los otros dos agentes del grupo de "Los Cinco" que seguían encarcelados en EE.UU. a cambio de otro espía preso en La Habana que trabajó al servicio de Washington.

Asimismo, Gross recuperó la libertad por razones humanitarias tras haber pasado más de cinco años detenido y encarcelado en La Habana, y Cuba se comprometió a liberar a unos 50 presos políticos.

En las fotografías del homenaje brindado a "Los Cinco" el pasado sábado en el Parlamento cubano se ve al matrimonio Hernández sonriente y a Adriana en avanzado estado de gestación.

De acuerdo con el diario "The New York Times", el esperma de Hernández fue llevado a Panamá, donde su esposa fue inseminada.

Hernández y otros cuatro agentes, René González, Fernando González, Antonio Guerrero y Ramón Labañino, fueron detenidos en 1998 y condenados a largas penas en EE.UU. cuando el Buró Federal de Investigaciones (FBI) desmanteló la red de espionaje cubana "Avispa", que actuaba en el sur de Florida.

Todos admitieron que eran agentes del Gobierno cubano "no declarados" ante Estados Unidos, pero dijeron espiar a "grupos terroristas de exiliados" que conspiraban contra el entonces presidente, Fidel Castro, y no al Gobierno estadounidense.