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  • AFP

En un nuevo golpe para una monarquía española que lucha por levantar cabeza, la justicia aceptó este miercoles examinar una demanda de paternidad contra Juan Carlos I, muy respetado durante décadas pero cuya imagen se degradó en los últimos años, hasta su abdicación en junio.

Los magistrados del Tribunal Supremo español, el único que puede juzgar al exjefe de Estado, "entienden que concurren los requisitos legales para admitir a trámite" la demanda presentada por la belga Ingrid Jeanne Sartiau, de unos 48 años, informó un portavoz.

Esta es la primera acción judicial admitida contra Juan Carlos, de 77 años. Y se suma a una serie de escándalos que golpearon recientemente a la monarquía, encabezados por la acusación de fraude fiscal contra su hija Cristina, de 49 años, en el marco de un gran juicio por presunta corrupción protagonizado por el marido de ésta, Iñaki Urdangarin.

Considerado durante décadas como el artífice del retorno de la democracia tras la muerte en 1975 del dictador Francisco Franco, quien lo había designado como su sucesor, Juan Carlos fue así perdiendo su prestigio, hasta abdicar el 18 de junio, con una popularidad bajo mínimos, a favor de su hijo, Felipe VI, de 46 años.

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El que fuera en otro tiempo intocable para la prensa española, deberá enfrentar ahora la muy mediática historia de Sartiau, a quien su madre había dicho un día, viendo al rey de España aparecer en televisión: "ese hombre es tu padre".

El miércoles, la casa real española, que bajo la batuta de Felipe VI se esfuerza por mejorar su imagen, se limitaba a afirmar su "respeto a la independencia del poder judicial".

Juan Carlos pasa a engrosar así la lista de monarcas europeos demandados por hijos ilegítimos, presuntos o reales, como el anterior rey belga Alberto II o el príncipe Alberto II de Mónaco, que en 2005 reconoció al pequeño Alexandre, entonces de 22 meses, fruto de una relación con una azafata francesa.

'Un escándalo mayúsculo'

La aceptación de la demanda contra Juan Carlos se hace posible ahora dado que, al abdicar, perdió la calidad de "inviolable e irresponsable" que tenía como monarca.

Sartiau y el que creía ser su medio hermano, el español Alberto Solá Jiménez, ya habían presentado en 2012 sendas demandas de paternidad que habían rechazadas por tribunales civiles argumentado precisamente esta protección judicial.

Solá Jiménez, que fue adoptado, afirma que su madre biológica, hija de un conocido banquero de Barcelona, había mantenido una relación con el monarca.

La prensa belga aseguró en 2012 que él y Sartiau habían relizado una prueba de ADN según la cual eran hermanos al 91%. Sin embargo, en una entrevista a la publicación belga Soir Magazine, en 2014, la mujer reconoció que una segunda prueba había dado resultado negativo, aunque sin quebrantar su convicción de ser la hija de Juan Carlos.

La demanda de Solá, presentada también ante el Supremo, fue rechazada, informó éste sin más precisiones, destando inmediatamente especulaciones según las cuales, por ser varón y mayor que Felipe VI, de ser reconocido hijo de Juan Carlos podría reclamar derechos dinásticos.

Algo que refuta César de la Lama, autor en 1975 de la primera biografía autorizada del monarca y que en 2014 publicó el libro "Juan Carlos I, rey padre": "en España nunca ha reinado un bastardo no reconocido: eso no está d/egentro de la institución, ni en la línea hereditaria", asegura.

"Sería un escándalo mayúsculo pero no un problema de tipo dinástico", subraya, reconociendo que a Juan Carlos siempre "le han gustado mucho las mujeres como a Alfonso XIII (su abuelo), que tuvo un hijo bastardo".

Todo parte de una vida privada sobre la que la prensa española no se permitía hablar hasta hace poco. Hasta que en 2012 comenzó a aludir a la "amistad" del monarca con una aristócrata alemana, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, unos 30 años más joven que él, a raíz de un muy controvertido safari a Botsuana para cazar elefantes.

Según el catedrático en derecho constitucional Antonio Torres del Moral, Juan Carlos podría recurrir la decisión del Tribunal Supremo.

Pero su futuro importa ya poco a los políticos en España, considera De la Lama: es "un rey fuera de juego", afirma.