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Estados Unidos no puede resolver los grandes problemas del siglo XXI sin contar con el mundo, y el mundo no puede hacerlo sin Estados Unidos’.  Hillary Clinton, la flamante próxima secretaria de Estado, acérrima rival durante más de un año de Barack Obama en las primarias demócratas, uno de los pesos pesados del partido, una moderada dentro de las filas demócratas, pero una de las mayores críticas de la agenda en política exterior de George Bush, agradeció el lunes al presidente electo su confianza para desempeñar el papel más importante de su Gobierno. Y lo hizo apelando al multilateralismo, haciendo suyo el repetido mensaje de Obama de que la primera potencia no puede caminar sola y arrogante por el mundo.

‘El éxito de Estados Unidos no puede conseguirse exclusivamente con la fuerza. Está claro que los americanos deben actuar en el mundo, pero no solos. Como Kennedy, buscaremos un mundo más comprometido. Ésa será nuestra aventura más grande’, continuó Clinton, durante el acto de presentación celebrado el lunes en Chicago.

Obama defendió su nombramiento como un ‘signo a amigos y a enemigos de la seriedad de mi compromiso para renovar la diplomacia estadounidense y restaurar nuestras alianzas’. ‘Hay mucho que hacer, desde prevenir la proliferación de armas nucleares en Irán y Corea del Norte hasta buscar una paz duradera entre Israel y los palestinos y reforzar las instituciones internacionales. No tengo dudas de que Hillary Clinton es la persona adecuada para liderar nuestro Departamento de Estado y trabajar conmigo para hacer frente a esta ambiciosa agenda política’.

No llegará como novata
La que parecía predestinada a ser presidenta del país --o, al menos, candidata oficial demócrata a la presidencia--, y que vio cómo la fuerza del novato Obama la apartaba de su camino natural, saldrá del Senado, donde su corta carrera como senadora la excluía de mayores responsabilidades para liderar la política exterior del nuevo presidente. Es una figura lo suficientemente conocida como para representarlo ante el mundo con entidad y fuerza propias. Casi de forma unánime se considera que experiencia no le falta. Clinton conoce la política exterior tras ocho años como la primera dama más involucrada políticamente que ha tenido Estados Unidos, y como senadora por Nueva York y miembro del Comité de Servicios Armados después.

Lo que se debatía el lunes entre los expertos era más bien si tiene la suficiente coincidencia de planteamientos con el que será su jefe a partir de ahora. Su Departamento tendrá que tomar decisiones sobre la guerra contra el terrorismo, la retirada de tropas en Irak, el envío de más soldados a Afganistán, las relaciones con Pakistán --cuyas permeables fronteras complican a Estados Unidos su lucha contra los islamistas radicales-- y qué hacer ante los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, entre otras cuestiones.

Dura, pero pragmática
Hasta el momento, Clinton ha mantenido en muchas de ellas una línea más dura que la del próximo presidente.

Clinton votó en octubre de 2002 en el Senado con la mayoría que aprobó el uso de la fuerza en Irak, diciendo que era la forma adecuada de decirle a Saddam Hussein que era su ‘última oportunidad’. A lo largo del tiempo, sin embargo, ha sido una de las más constantes y duras críticas de Bush, y durante su campaña prometió acabar con la guerra.

En las primarias, a pesar de defender la idea de retomar las relaciones diplomáticas con Irán, la senadora hablaba de imponer mayores condiciones para estas conversaciones que su rival, y se mostró partidaria de amenazar con la fuerza a Teherán ante un posible ataque contra Israel.

En todo caso, la próxima secretaria de Estado ha demostrado a lo largo de su carrera ser una política pragmática y poco impulsiva. Y, sobre todo, durante los últimos años ha mantenido un mensaje esencial en el que coincide plenamente con el del presidente que va a nombrarla: EU debe recuperar su credibilidad ante el mundo, la que, según su opinión, ha perdido durante la presidencia de George W. Bush, y debe hacerlo a través de la diplomacia.