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Un adolescente afgano que perdió ambas piernas por la explosión de una bomba de racimo ayudó a persuadir a su país a modificar su posición y unirse a casi 100 naciones que firmaron el miércoles un acuerdo de prohibición a esas armas.

Afganistán estaba al principio renuente a unirse al pacto —el cual Estados Unidos y Rusia se han negado a apoyar_, pero aceptó hacerlo luego del cabildeo de víctimas incapacitadas por esa arma, incluido el joven de 17 años Soraj Ghulan Habib.

El adolescente, que utiliza una silla de ruedas para desplazarse, se reunió con el embajador de su país ante Noruega, Jawed Ludin, durante una conferencia de dos días para la firma del tratado en Oslo.

"Le expliqué mi situación al embajador, y que el pueblo de Afganistán quería la prohibición", comentó Habib, quien dijo a la AP que una bomba de racimo lo discapacitó hace siete años.

En declaraciones por medio de un intérprete, Habib dijo que el embajador llamó telefónicamente al presidente afgano Hamid Karzai, quien aceptó cambiar su postura respecto al acuerdo.


Cambia manera de pensar

"Hoy es un día histórico", señaló Habib.

El cambio de posición de Afganistán sorprendió incluso a los activistas que están exhortando a los países a que se unan al tratado contra las bombas de racimo, las cuales han sido criticadas ampliamente por causar amputaciones y matar civiles.

"Sencillamente es grandioso haber logrado este cambio. Afganistán estaba bajo mucha presión de Estados Unidos", dijo Thomas Nash, coordinador de la Coalición contra las Bombas de Racimo. "Si Afganistán puede soportar la presión, otros también pueden".

El activista australiano Daniel Barty dijo que el embajador afgano pareció empezar a cambiar de opinión luego de reunirse con Habib el martes durante una recepción.


EEUU usa bombas para uso militar

Las cápsulas explosivas de racimo son empacadas por cientos en armazones de artillería, bombas o misiles, los cuales las esparcen sobre áreas extensas.

Estados Unidos, Rusia y otros países se niegan a firmar el tratado, bajo el argumento de que las bombas de racimo tienen un uso militar legítimo, como repeler el avance de columnas de tropas.