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  • EFE

Víctimas de abusos sexuales de religiosos en América se unieron ayer para exigir al papa Francisco que tome acciones efectivas y someta a la justicia civil a los responsables y encubridores de esos crímenes, considerando que no bastan sus “buenas palabras”.

“Le exigimos al papa que, por lo menos, cumpla lo que está diciendo porque para dar titulares todos somos buenos. ¡Ya basta de titulares!”, manifestó en una rueda de prensa en Ciudad de México el chileno Juan Carlos Cruz, víctima de pederastia, confesándose “profundamente traicionado” por el pontífice argentino.

Unidos en una incipiente red que enlaza a víctimas de Argentina, Chile, Estados Unidos, México, República Dominicana o Perú, los damnificados enviaron una carta conjunta al papa Francisco, en la que recalcan que “no bastan las palabras” ni los gestos “ambiguos y contradictorios” que creen que ha expresado públicamente, ya que “no generan procesos institucionales hacia la verdad y la justicia”.

Solo reformando estructuralmente la institución y sometiendo a las leyes civiles a los clérigos “comenzará el final de ese gran holocausto de miles de niñas y niños sacrificados para evitar el escándalo y salvaguardar la imagen y el prestigio de los representantes de la Iglesia católica en el mundo”, destaca la misiva.

La “tolerancia cero”

La carta fue leída en la conferencia por José Barba, una de las víctimas de abusos sexuales del mexicano Marcial Maciel, el fallecido fundador de la Congregación Legionarios de Cristo.

Desde su elección en marzo de 2013, el papa Francisco ha defendido la “tolerancia cero” contra los curas abusadores, ha pedido perdón a las víctimas y se ha comprometido a luchar contra la pederastia.

El pontífice puso en marcha una comisión para la protección de la infancia, de la que forman parte dos víctimas, e intercedió personalmente en casos como el de diez curas acusados de pederastia en España, que este lunes se conoció que podrían escapar de la justicia, debido a la prescripción de los hechos.

En la conferencia, algunas de las víctimas cuestionaron el compromiso del papa Francisco en la lucha contra la pederastia de eclesiásticos.