Jorge Eduardo Arellano
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El patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Alexis II, jefe de la Iglesia Ortodoxa más grande del mundo y artífice de su renacimiento tras la caída de la URSS, murió el viernes a los 79 años, informaron las autoridades eclesiásticas.

“El santo patriarca murió en su residencia de Peredelkino, cerca de Moscú, por la mañana”, indicó el jefe del servicio de prensa, Vladimir Viguilianski, sin dar más detalles.

Alexis murió inesperadamente, sin que se anunciase ninguna causa de muerte. Sin embargo, la agencia estatal RIA Novosti citó fuentes eclesiásticas anónimas, según las cuales murió de un ataque cardíaco.

El sábado, su ataúd será llevado a la Catedral de Cristo Salvador en Moscú, donde los fieles podrán darle su último adiós. Un sínodo de urgencia se convocó el mismo día en Peredelkino para organizar el funeral del patriarca y fijar la fecha, que muy probablemente será el martes, según Viguilianski.

Ese sínodo también tendrá que deliberar sobre el sucesor de Alexis II. Según la tradición de la Iglesia Ortodoxa, el sínodo tiene un plazo de hasta seis meses para elegir a un nuevo patriarca.

Tras darse a conocer la noticia del fallecimiento del prelado, las principales autoridades de Rusia expresaron sus condolencias rápidamente.

El primer ministro y ex presidente del país (2000-2008), Vladimir Putin, que contribuyó junto a Alexis II a restaurar la influencia de la Iglesia Ortodoxa, deploró un “acontecimiento trágico” para el país.

“Era un alma buena. Es una gran pérdida”, declaró Putin al tiempo que el presidente ruso, Dimitri Medvedev, rindió homenaje desde Nueva Delhi, donde se encontraba en visita oficial, a un “gran ciudadano de Rusia” cuyo “destino refleja las mayores pruebas del siglo XX”.

Medvedev aplazó una visita a Italia prevista para el sábado y se le esperaba de vuelta en Moscú el viernes por la noche.

En el Vaticano, el papa Benedicto XVI se declaró “profundamente entristecido”, y expresó su pésame en nombre de la Iglesia Católica romana, cuyas relaciones con los ortodoxos rusos estuvieron durante mucho tiempo sembradas por la desconfianza.

“Me satisface recordar los esfuerzos del último patriarca en favor del renacimiento de la Iglesia”, señaló en un mensaje dirigido al sínodo de la Iglesia Ortodoxa rusa, en el que también citó “la severa opresión ideológica” existente durante la época soviética.

Las campañas de las 600 iglesias de Moscú repicaron a muerto para anunciar el fallecimiento del patriarca, jefe de la Iglesia Ortodoxa rusa desde 1990, y a la que, con el apoyo del Kremlin, devolvió su influencia política y moral tras 70 años de ateísmo soviético.

Alexis II también contribuyó a la reunificación histórica de su Iglesia con los ortodoxos rusos en el extranjero, el 15 de mayo de 2007, poniendo fin así a 80 años de un cisma que databa de la revolución bolchevique de 1917.

“Estoy consternado. Siento un inmenso respeto por él”, declaró a la agencia Interfax el “padre” de la Perestroika y último presidente soviético, Mijail Gorbachov, en referencia a la muerte del patriarca.

Alexis II era muy respetado por los rusos y estaba muy presente en la vida política y en los medios de comunicación. Además, oficiaba todas las grandes liturgias en la Catedral del Cristo Salvador de Moscú, a menudo en presencia de los principales dirigentes del país.

El patriarca, sin embargo, mantuvo un largo período de frialdad con los católicos, a los que acusaba de “proselitismo” en Rusia. Incluso, se negó a recibir al fallecido papa Juan Pablo II, si bien desde la llegada al pontificado de Benedicto XVI las relaciones católico-ortodoxas parecían haberse suavizado.

“Llegó a la cabeza de la Iglesia en un momento de grandes cambios e intentó salvaguardarla en esta época tumultuosa”, estimó Alexander Verjovski, analista del centro Sova, especializado en cuestiones religiosas.

“Fue criticado por haberse opuesto a los cambios. Era conservador, pero eso estaba justificado por querer preservar a la Iglesia como institución”, prosiguió el experto, interrogado por la AFP.

El analista citó como posibles sucesores de Alexis II al metropolita Kirill, “ministro de Relaciones Internacionales” del Patriarcado, y a Kliment, metropolita de Kaluga.