Jorge Eduardo Arellano
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Miles de fieles acudieron ayer domingo a la catedral de Cristo Salvador en Moscú para dar su último adiós al patriarca de Moscú y de todas las Rusias Alexis II, fallecido el viernes y considerado el artífice del renacimiento de la Iglesia Ortodoxa rusa tras la caída de la Unión Soviética.

Después de haber atravesado impresionantes cordones de policías, los fieles esperaron pacientemente bajo un cielo gris. Muchos de ellos llevaban en las manos un número par de flores, como es la tradición en Rusia, para honrar a los muertos, y algunas mujeres se cubrían la cabeza con una mantilla.

“La ortodoxia es la esencia de nuestra identidad nacional. El santo patriarca hizo regresar la ortodoxia a Rusia”, dice Natalia Vlassova, médica de 40 años, que se bautizó tras la caída de la URSS en 1991.

Para ella, como para todos aquellos que hicieron cola, el tiempo de espera no tiene importancia si al final pueden inclinarse ante los restos mortales del difunto en la catedral que permanecerá abierta noche y día hasta los funerales del martes.

“Después de todo lo que hizo por nosotros, nuestro deber es acompañarlo hasta su última morada”, dice Olga Smirnova, una profesora que resume así el sentimiento general.

“El patriarca vivía para nosotros. Era alguien de mucho coraje, y pese a sus enfermedades seguía celebrando las liturgias. Estamos aquí para darle un último adiós”, dice el jurista Oleg Chutchkin.