• Bogotá, Colombia |
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  • EFE

Los Gobiernos de América Latina, sobre todo los que no pertenecen a la Alianza Bolivariana, se encuentran ante la recrudecida crisis venezolana en una encrucijada: si opinan se arriesgan a ser acusados de injerencia y si callan, a ser tachados de cobardes.

Después del resonante silencio, con contadas excepciones, que siguió a la detención del alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, acusado de conspirar para derrocar al Gobierno, han surgido voces de preocupación por la situación en el país caribeño y llamados al diálogo entre el Gobierno y la oposición.

Casi todos esos mensajes tienen como rasgo en común la cautela, posiblemente para evitar que haya más leña en el fuego de la polarización en Venezuela.

Los opositores

Las fuerzas de oposición en los distintos países latinoamericanos son las que menos han medido sus palabras y no solo han criticado al Gobierno venezolano por las medidas contra sus adversarios políticos sino a los Gobiernos de sus propios países por no pronunciarse al respecto.

Entre los que están en el ejercicio del poder o de algún cargo ha habido también los que han optado por hablar, pero quienes lo han hecho de manera menos cauta son significativamente los que están de salida, como el presidente uruguayo José Mujica, que entregará el poder a su correligionario Tabaré Vázquez hoy.

También el secretario general de la Organización de Estados Americanos, OEA, José Miguel Insulza, quien dejará el cargo en unos meses, ha ido más allá de pedir un diálogo en Venezuela, aunque no tan lejos quisieran, entre otros, los opositores de ese país.

Insulza ha expresado “alarma” por la detención de Ledezma e instado a las autoridades venezolanas “a detener los hechos que conducen a una espiral de polarización”.