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El gobierno salió al rescate de la industria automotriz, con préstamos por un total de 17 mil 400 millones de dólares a cambio de concesiones por parte de las compañías y sus trabajadores.

Al mismo tiempo, el secretario del Tesoro Henry Paulson dijo que el Congreso debería autorizar el uso de una segunda partida de 350 mil millones de dólares del fondo de rescate financiero aprobado en octubre para salvar a las grandes instituciones financieras en apuros.

"Permitir que se caigan las compañías automotrices no es un curso de acción responsable", dijo el presidente George W. Bush en un mensaje a la nación. Añadió que la quiebra difícilmente resultaría eficaz para la industria automotriz en estas circunstancias y, por el contrario, propinaría "un golpe inaceptablemente doloroso a los esforzados estadounidenses" de todos los sectores de la economía.

Un funcionario dijo que 13mil 400 millones de dólares estarían disponibles este mes y el próximo, de los cuales 9 mil 400 millones serían para General Motors Corp. y 4 mil millones para Chrysler LLC. Las dos compañías han dicho que podrían caer rápidamente en suspensión de pagos sin ayuda federal. Ford Motor Co. ha dicho que no necesita ayuda inmediata.

Bush dijo que el paquete de rescate requería concesiones similares a las expresadas en un plan de salvataje que fue aprobado por la Cámara de Representantes pero rechazado por el Senado hace una semana. Les da a las automotrices un plazo de tres meses para elaborar planes de reestructuración que las vuelvan viables.

Difícil reembolsar préstamos
A falta de ese plan para el 31 de marzo, las empresas deberán reembolsar los préstamos, algo que les resultará sumamente difícil. "El momento de tomar decisiones arduas para adquirir viabilidad ha llegado, la única alternativa será la bancarrota", dijo Bush. "Las automotrices y los sindicatos deben comprender qué está en juego y tomar las decisiones arduas necesarias para reformarse".

El plan de Bush aspira a mantener la industria automotriz en pie a corto plazo, y transferir el problema más amplio al gobierno del presidente electo Barack Obama. Las empresas automotrices de Detroit han anunciado la prolongación de sus cierres navideños tradicionales. Chrysler cerrará en enero sus 30 plantas en América del Norte durante cuatro semanas debido a las pobres ventas; Ford cerrará 10 plantas de montaje en América del Norte durante una semana adicional en enero, y General Motors cerrará temporalmente 20 plantas — muchas de ellas durante todo enero — para reducir su producción.

Bush dijo que esas empresas han encarado serias dificultades durante muchos años: penosos costes, disminución de su presencia en el mercado y merma de beneficios. "En los últimos meses, la crisis financiera global ha hecho más severos estos desafíos", agregó.

El presidente dijo que por una parte, el gobierno tiene la responsabilidad de no minar el sector empresarial privado, aunque por otra parte, debe salvaguardar la salud general y estabilidad de la economía estadounidense. "Si permitiésemos ahora que el mercado libre corriera su curso, casi con seguridad conduciría a una bancarrota desordenada y la liquidación de las empresas automotrices", agregó.

"En circunstancias económicas ordinarias diría que este es el precio que deben pagar las empresas fracasadas", dijo el mandatario. "Y no sería partidario de intervenir para evitar que las automotrices quiebren. Empero, no son estas circunstancias ordinarias".

"En medio de una crisis financiera y recesión, permitir que fracase la industria automovilística estadounidense no es una actuación responsable". El director general de Chrysler Bob Nardelli agradeció al gobierno la ayuda.

En una declaración emitida el viernes por la mañana, Nardelli dijo que el aporte inicial de capital ayudará a la empresa a superar su crisis de liquidez y a la postre volver a la rentabilidad. Agregó que Chrysler está decidida a cumplir las condiciones establecidas por Bush a cambio del dinero.